jueves, 11 de junio de 2026

El problema magisterial y las fuerzas que se benefician del conflicto

 


 


Como expresión de la lucha social por mejorar las condiciones de vida de los trabajadores de la educación, el movimiento magisterial posee una justificación histórica y una legitimidad que nadie que comprenda las necesidades del pueblo puede negar. La defensa de una pensión y salario digno, de mejores condiciones laborales y de una educación pública fortalecida forma parte de las grandes causas sociales de México.

Pero todo movimiento debe ser analizado no solamente por sus demandas, sino también por las fuerzas que pueden aprovecharlo para fines ajenos a los intereses de quienes lo integran. El conflicto magisterial, sin proponérselo, puede terminar favoreciendo a sectores económicos y políticos que buscan debilitar al Estado mexicano, como EUA,  para recuperar privilegios perdidos.

Existe una contradicción evidente: una de las razones por las cuales el Estado enfrenta dificultades para atender plenamente las demandas sociales es la insuficiencia de recursos públicos. Y esos recursos no desaparecieron por falta de riqueza en México; desaparecieron porque durante décadas amplios sectores económicos han obtenido enormes beneficios sin aportar proporcionalmente al sostenimiento de la nación. Como el condonar impuestos por gobiernos anteriores.

Las grandes empresas mineras, inmobiliarias, de comunicaciones y otros grupos con enorme capacidad económica han acumulado fortunas mientras la carga fiscal ha recaído principalmente sobre trabajadores y pequeños contribuyentes. En esa desigual distribución de la riqueza se encuentra una de las causas profundas de muchos conflictos sociales.

Resulta entonces paradójico que un movimiento nacido para defender los derechos de los trabajadores termine debilitando a un gobierno que intenta recuperar recursos que podrían destinarse precisamente a resolver esas demandas. La lucha magisterial no debería limitarse a reclamar al Estado; debería exigir también que quienes han acumulado riqueza en México cumplan con su obligación social y fiscal.

El verdadero adversario de los trabajadores no es solamente la insuficiencia presupuestaria; es un sistema donde la riqueza producida por millones de mexicanos termina concentrada en pocas manos. La nación genera riqueza, pero quienes la producen rara vez reciben una parte justa de ella.

El sindicalismo, cuando abandona la defensa auténtica de los trabajadores y se convierte en instrumento de intereses económicos o políticos, traiciona su razón de ser. La tarea histórica del movimiento obrero y magisterial debe ser luchar por una sociedad donde el trabajo, el conocimiento y la producción nacional estén al servicio del bienestar colectivo, no de la acumulación ilimitada de unos cuantos.

lunes, 1 de junio de 2026

Sobre omisiones.

 

 

  
A los gobiernos del mundo se les acusa constantemente por sus errores, sus omisiones y su incapacidad para resolver aquello que prometen corregir. Ningún poder está libre de fallas; como dice el viejo refrán, hasta al mejor cazador se le escapa la liebre. Sin embargo, aquello que se condena en los gobiernos suele pasar inadvertido cuando lo cometen las grandes corporaciones, incluso las más ricas y tecnológicamente avanzadas.
Con el paso de los años, las corporaciones comenzaron a confiar más en las máquinas que en las personas. No por eficiencia moral, sino porque una máquina no cobra salario, no protesta y no se enferma. El ser humano fue reducido a una pieza costosa y reemplazable. Ahora, con la llegada de la inteligencia artificial, muchas empresas han entregado funciones esenciales a sistemas automáticos que responden con precisión mecánica, pero sin comprensión ni responsabilidad.
El resultado para millones de usuarios ha sido desastroso.
Basta observar dos ejemplos.
a) Telmex. Resolver un problema de facturación puede tomar meses o incluso años. Reparar una línea telefónica rara vez ocurre antes de una semana. El cliente queda atrapado en un laberinto de voces grabadas, números de reporte y promesas vacías. Mientras tanto, la institución que debería defenderlo, Profeco, parece existir únicamente para administrar la impotencia.
b) AT&T. La empresa acosa a personas que ni siquiera son sus deudores, exigiendo pagos ajenos a usuarios de otras compañías telefónicas. Corregir el error se vuelve casi imposible. El ciudadano debe demostrar una y otra vez su inocencia frente a un sistema diseñado para no escuchar. Y nuevamente, Profeco observa en silencio.
La tecnología prometió liberar al hombre de tareas inútiles. En cambio, muchas corporaciones la utilizan para liberarse de la obligación de atenderlo