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sábado, 23 de mayo de 2015

La Simaroa. Un espacio vital.




Foto y pintada de Edgar P. Miller.


Chilpancingo no sólo es el nombre que lleva la ciudad capital del estado de Guerrero, sino que también es el nombre del municipio; por cierto es uno bastante grande y rico en paisajes naturales. Desgraciadamente la riqueza de paisajes también significa, para los ambiciosos gobernantes riquezas materiales codiciadas por ellos. Inmensos bosques han sido depredados para obtener las maderas tropicales preciosas, después engañan a la población ignorante y sumisa con una forestación incompleta que solamente es un remedo de lo que destruyeron. La gran variedad de especies vegetales y animales que fueron devastadas nunca se recuperarán con la forestación, porque en un nicho primogénito cada árbol o pequeño espacio es un universo de vida. Aún así la nobleza de la naturaleza poco a poco vuelve a intentar regenerar esos rincones destruidos con especies que se van adaptando a su nuevo entorno, después con el tiempo, muchísimo tiempo, quizás sean otras áreas con mucha vida; igualmente bellas pero diferentes.


Xocomanatlán es uno de esos rincones del municipio que en un tiempo fue devastado para sacar la madera, millones de metros cúbicos de maderas finas desfilaron fuera del municipio, “era el progreso”; ¿para quién?, para hacer rico a un estúpido con poder quizás, que incluso ya fue comida de gusanos, después se reforestó miserablemente. Ahora quedó, ya no con la majestuosidad de antes, pero al menos algo se logró, con esa mísera forestación que ya está siendo también codiciada por otros. Vuelve la belleza del paisaje, mas no la riqueza de especies. Escasas son éstas, tanto vegetales como animales que sobrevivieron, aunque no pocas, las que existen en este espacio, que como ave de fénix, crecen lenta pero maravillosamente. Cuando se devastó, quienes lo hicieron ni siquiera levantaron un inventario de lo que destruyeron, así es que ni siquiera sabremos que hubo antes ahí, solamente supondremos en base a lo poco que se ha salvado en otras partes similares.






El Bosque. (Foto de Edgar P. Miller)


La Simaroa se encuentra antes de llegar al poblado de Xocomanatlán, un antiguo campamento maderero que ahora es una pequeña comunidad agrícola y ganadera. Simaroa también es el nombre de un tipo de álamo (Populus simaroa), probablemente abundante en algún tiempo y de ahí, tal vez, se tomó el nombre.




Referencia sobre el árbol simaroa.





Plano del lugar.

A sólo un kilómetro antes de llegar a ese poblado está la desviación para sumergirse en un bello bosque de coníferas (ocotes principalmente), cedros blancos, juníperos, algunos encinos, fresnos y otros árboles que desconozco; entre los que sobreviven algunos de tejocotes. El camino inicia en donde está un mal cuidado vivero y un estanque en construcción con el propósito, según nos platicaron, de criar truchas. A pocos metros ya dentro del arbolado lugar nos encontramos un pequeño arroyo que cambia su cauce en belleza y torrente según la temporada de lluvias o secas, el encantador ruido del agua empieza a dar fascinación al lugar. A partir de aquí se empieza a subir, el camino de terracería construido hace tiempo para el saqueo de la madera, mejorado después para la forestación y, me imagino también, para poder acceder a un quemador de enervantes que el ejército mantiene dentro de este predio. El camino también es usado por el propietario de una finca en la parte alta; de lo que yo llamaría la primera sección, y por recolectores de leña sin dejar a un lado la extracción de minerales y materiales para la construcción, también los taladores lo ocupan.


Les sugiero que si no pueden controlar su costumbre cotidiana de producir basura no vayan; y sí lo hacen controlando ese mal hábito, dejen el carro en la entrada y caminen, así podrán ir mirando todos los paisajes y novedades que aparezcan en la ruta. En ella existen variedad de plantas que puede admirar, de repente saldrá algún animal salvaje que posiblemente nunca antes hayan mirado.


Se le advierte que si le causan repulsión los insectos, sapos y reptiles abstenerse de ir, recuerde que aquí es la naturaleza y no una sala de cine. El espectáculo es precisamente toda ella con todos sus elementos. Las plantas epifitas abundan en los ocotes y encinos, algunas modestas otra esplendorosas pero todas parte del mundo natural.



Plantas epifitas. (foto de Edgar P. Miller)


La naturaleza aquí en la simaroa nos muestra como la vida rompe barreras para seguir su proceso, sobre rocas germinan las semillas y prosperan algunas plantas hasta llegar a ser árboles con frutos.





Árbol sobre roca. (foto de Edgar P. Miller)

Especies de plantas que quizás ustedes nunca siquiera se hubieran imaginado que existen saldrán a su encuentro en el imprevisto lugar, como brotadas de un cuento de terror, algunas flores dominan la atención por su tenebrosa forma. Otras minúsculas llenan el espacio por temporadas.





Flores. (foto de Edgar P. Miller)

El lugar también nos cuenta sus tragedia, una cruz de hierro a la sombra de los àrboles nos dice que algo terrible sucedió, ya después algunos de los habitantes de la región nos cuentan la historia de Margarito Flores que caminando con sus hijos por ese ramal fue emboscado y asesinado con una escopeta, sus hijos hicieron frente a la agresión logrando escapar sanos y salvos, él terminó como habitante eterno del bosque.




La cruz. (foto de Edgar P. Miller)


En este bosque quedó estampado con esa cruz el recuerdo del suceso, aquí donde solamente en alguna temporada brota del suelo el hermoso lirio azteca, fácil de encontrar debido a su exótico color púrpura sangre, sangre como la de todos aquellos que han entregado su vida en estos páramos, espacio que debe ocultar otras increíbles historias humanas. Para unirse a la de aquel holocausto del bosque primigenio.





Lirio Azteca. (Foto de Edgar P. Miller.)

Las orquídeas encuentran su mundo en este lugar, las ramas de algunos árboles se observan forradas de ellas compitiendo en espacio con otras epifitas, existen diferentes tipos de orquídeas, las hay de varios colores y formas, la orquídea es una flor misteriosa y es aún más enigmática cuando uno llega a mirarla floreciendo en su hábitat.





Árbol con orquídeas. (Foto de Edgar P. Miller)


El espacio entre los árboles se ha formado de manera interesante como si un artista dedicado y paciente hubiera con inspiración y talento colocado pedazos de rocas, troncos dañados muriendo y pequeñas plantas como helechos y hierba por todas partes.




La piedra. (Foto de Edgar P. Miller)

A pesar que se mira y se siente la mano destructiva del hombre en el entorno, la naturaleza con calma como madre de todos incluyendo al principal depredador, regenera el daño haciéndolo parte del entorno. Si miramos con detalle, veremos insectos, anfibios, aves, reptiles, arácnidos y quilópodos convivir con algunos mamíferos incluyendo el hombre, compartiendo los desechos de todos y frutos de las plantas.





Paisaje. (Foto de Edgar P. Miller.)

El sonido del silencio es algo que aquí dice mucho, basta quedar unos minutos callados para sentir con los oídos como el aire mueve las hojas o agujas de los ocotes u ocochales como les dicen aquí, las que producen un agradable melodía parecido al oleaje de una playa tranquila.





Acantilado. (Edgar P. Miller)

Un inmenso acantilado permite jugar con el eco en algunas partes y dá áreas acústicas donde el sonido se transporta con mucha claridad a largas distancias. Se pueden oír la conversación de las personas como si se estuviera a un lado, desde cien metros o más.





(Foto n) Jardín natural. (Foto de Edgar P. Miller)

La foto n muestra algo espectacular, un hermoso jardín que la naturaleza creó sobre un tronco muerto. El mensaje que me queda es que una vez que nosotros nos aniquilemos a causa de nuestra vida displicente sin preocupación por la demás vida del planeta, la naturaleza simplemente hará jardines sobre nuestros despojos.

A manera que se sube la pendiente en la Simaroa, llegando a lo más pronunciado del recorrido planeado, el espectáculo crece, se encuentran manantiales, la flora es diferente, los magueyes mezcaleros se miran por todo lo amplio del lugar; así como algunas palmeras de capulín que nos acompañan por los senderos; incluso una pequeña gruta sale a nuestro encuentro para extasiarnos con sus estalactitas y banderolas formadas por el continuo goteo y escurrimiento del agua de lluvia que ha disuelto la cal del suelo a manera que fluye por todo lo alto de la montaña arriba de los dos mil metros sobre el nivel del mar.




Gruta. (Foto de Edgar P. Miler)

Hemos visto personas recolectar hongos para comerlos, existe también una huerta de peras en la parte media del recorrido, aunque los incendios suceden esporádicamente la lluvia intensa que los apaga inicia otra manera de alentar la vida y los seres que sobreviven al fuego empiezan su recuperación, el verde de los retoños contrasta entre lo negro del carbón apagado y las cenizas que dejó el temible suceso, algunos pequeños árboles sucumben a las llamas y la forestación natural tendrá que esperar otro ciclo más, o ceder su espacio a especies más aptas a estas casualidades. Cuando el fuego sucede por causas de los meteoros la naturaleza remienda con mágica respuesta, cuando es producto de la maldad humana se lo dificultan, pudiendo obligarla a trabajar por cientos de años antes de lograr cualquier regeneración.




Rana. (Foto de Edgar P. Miller)


Así vemos entre las cenizas y los arbustos chamuscados brincar una rana y después más adelante un sapo, probablemente en una danza de vida después de haber logrado evadir las llamas y tener la posibilidad de depositar sus huevos una hembra o fertilizar un macho los de una hembra. La existencia de anfibios en un lugar debe dar algo de tranquilidad, ellos son muy sensibles a los contaminantes, asì es que sí hay, quiere decir que el lugar no està tan contaminado y debemos tomarlo como mensaje de no traer, ni tirar o esparcir cosas ajenas al lugar.




Sapo. (Foto de Edgar P. Miller)


Aunque se repiten las mismas especies en el paisaje vegetal, las plantas son versátiles, asì podemos ver àrboles más bellos unos que otros, así las epifitas cada una intenta seducirnos de diferente manera con flores de gran belleza o follajes extravagantes, haciendo de este lugar un espacio de infinito deleite, claro está que eso sólo para quienes saben apreciarlo y entienden el valor que tiene la vida en la naturaleza. Si usted no es de esos locos que se admiran de ver brincar un chapulín azul entre la hierba, no venga a destruir este lugar sólo porque alguien llegue a ponerlo de moda y quiere usted estar ad hoc. Permita que la vida continúe sin su mano criminal.




Epifita. (Foto de Edgar P. Miller)

lunes, 10 de noviembre de 2014

Se pinta de azul el cielo.







Foto de Juan Carlos Salgado.

Amanece en Chilpancingo
otro domingo de andar
por la sierra de Guerrero
los Caminantes irán.

Se pinta de azul el cielo
del oriente de mi pueblo
con los pinceles del cerro
y la luz que el sol nos da.

Del otro lado la sierra
vestida de verde oscuro
con matices claroscuros
por el agua que lloviera.

Un camino blanquecino
con tonalidades de rosas
muestra las brecha terrosas
brillando a la luz del día.

Hermosa sierra que espera
imponente al caminante
que ya visten su cuerpo andante
para otra jornada bella

Por brechas van caminando
algunos también cantando
otros bailan lo andado
los demás sólo mirando.

Una parada que espera
para tomar los mezcales
un bodegón que se arregla
para los gustos orales.

Sentado junto a la mesa
con un mezcal de verdad
uno hecho de adeveras
de manera artesanal.

Sobre la mesa un adorno
nativo de este lugar
una orquídea campirana
una belleza al natural.

Alrededor los amigos
con los que salí andar
Mary ya nos prepara
lo que nos vamos hartar.

Cuando los músicos lleguen
Horacio nos va cantar
y si Bersa no se cohibe
la sorpresa nos dará.

Los fotógrafos enfocan
con una ambición loca
buscando al personaje
que está semana le toca.

Bolívar siempre sonriendo
nunca suelta comentarios
pero trae sabrosos ajos
que se llevan los halagos.


Acaban los comensales
sus viandas se han terminado
con la panza con mezcales
regresan a sus hogares.

Amojileca se queda
con tristeza de verdad
se fueron sus promotores
pero pronto volverán.

Edgar P. Miller
noviembre del 2014









jueves, 6 de febrero de 2014

Almolonga.

Valle de Almolonga

El 19 de enero de este año 2014 salimos a caminar a un lugar que está al oriente de Chilpancingo, queda después del poblado de Tixtla y cuyo nombre es Almolonga. Este día el recorrido desde Chilpancingo hasta Almolonga fue en vehículo de motor, llegando al pueblo partimos del centro caminando hasta un pequeño bosque de encinos que está sobre una de las montañas que rodean a la población.


Centro del Pueblo.

Para aquellos que ignoran el dato les diré que el estado de Guerrero está cruzado por la Sierra Madre del Sur, una gran cordillera de montañas que muestran al estado visto desde el cielo como un papel arrugado, así es que no importa a qué lugar se salga a caminar siempre nos terminamos encontrando con la majestuosidad de las montañas; ese ambiente imponente que tienen las inmensas y tranquilas moles de minerales cubiertas del mechón verde de vegetación que las ilumina con vida, la flora cambia según la latitud y clima del lugar.


Calle principal.
Almolonga está a la orilla de un pequeño valle enclavado en la sierra. El pueblo quizás en un tiempo debió haber sido un lugar típico mexicano con casas de bajareque y techumbre de palma; o de adobe con techo de tejas, pero ahora es como una colonia lumpen en cualquier ciudad grande del mundo, una mescolanza y batidillo de construcciones de concreto y ladrillo, con algunas excepciones, que muestran lo que fue su pasado, escasas, de pequeñas viviendas de adobe, aunque ya no techadas con aquellas románticas tejas de barro rojo que le daban a los pueblos su mágica visión que aparecen en las narraciones de Traven, Yañez y Altamirano.


Sendero.
Pero bien, nosotros fuimos a lo que fuimos y la destrucción de la imagen es sólo anécdota del viaje. Así que nos enfilamos al cerro cruzando el pueblo caminando por una calle pavimentada hasta donde el pavimento desaparece e inicia la magia del campo.


Subimos a penas un poco por un camino de tierra y ya de ahí se veía majestuosamente la Sierra Madre; encajada en ella el pequeño valle labrado de Almolonga. Seguimos nuestro paso por una brecha hermosa rodeada de tecorrales ancestrales contrastando lo rústico del lugar con el moderno PVC de las mangueras con que llevan agua al pueblo.


Bosque.
Caminamos ascendiendo, mirando entre los encinos la belleza del paisaje boscoso hasta llegar a una parte elevada donde buscamos un lugar adecuado; o sea: bello, para hacer nuestro paradero tradicional. Ahora Bolivar se encargó de preparar el bodegón mientra Libra e Ismael servían los mezcales de jumiles, aquí cabe un paréntesis (que preferible caminar con Libra que con Cancer) estuvimos ahí un buen rato platicando, compartiendo los mezcales que llevaron, después nos comimos los jumiles del mezcal que llevó libra enseñándole a Jorge como degustarlos evitando las molestias de una explosión de yodo. Aprovechando la ausencia de nuestros cantantes caminantes Horacio, Tulio y Pancho yo me puse a mal leer unos poemas los cuales agradaron gracias, pienso, a lo exótico del paisaje y los mezcales.


Bodegón.
Ya de regreso pasamos con un fabriquero a comprar mezcal, nos pareció de calidad y todos le compramos al menos un litro.


A continuación nos movimos para almorzar en la pozolería donde previamente habíamos reservado; reservación que no respetaron pero con suerte y algo de influencias logramos conseguir mesa; y pozole desde luego. Buen almuerzo y mejor ambiente un grupo local con música regional estuvo amenizando.


Fabriquero.

Después partimos a Chilpancingo donde nos tomamos las camineras y posteriormente a casa cada quien.




Los Chintetes de Almolonga







miércoles, 23 de enero de 2013

Caminando hacia las nubes.

Cerro de Mezcaltepec.



Este domingo 20 de enero del 2013, los caminantes volvieron a cambiar de rumbo, nos dio por conocer una montaña que lleva el nombre del maguey: Mezcaltepec[1]. Al parecer en nahuatl significa montaña del mezcal; pues allá fuimos en busca del paisaje y de los frutos de la madre del sur.
Una mañana fría nos acompañó, me levanté como todos los domingo ya faltando unos minutos para la siete me dirigí abrigado al punto de reunión, llegué, esperando, acurrucadito, me encontré a Tulio Estrada el caminante mayor, sonriente me recibió porque ya pasaban unos minutos de las siete y solamente él había llegado. Tan pronto arribé, empezaron a presentarse los demás, hoy fue una gran concurrencia los dos caminantes nuevos(Leonardo y Emperatriz), al parecer ya convencidos de las bondades de estas caminatas, regresaron para repetir su decisión anterior.
 Salimos. Esta vez en vehículos; rumbo a la población cercana de Mochitlan donde nos esperaba el contacto: Tulio hijo, quien junto al guía y sus dos hijos, un niño y una niña de no más de diez años, nos acompañaron en la caminata al cerro.
De Mochitlan partimos en vehículos nuevamente; antes, pasamos a comprar los faltantes para el almuerzo que realizaríamos en la cumbre. Complicado poblado, donde la población no se definen en seguir siendo pueblo con todas sus costumbres o ciudad moderna, situación que dificultó que consiguiéramos lo que en todos los pueblos se consigue: tortillas. Ahora rumbo a la falda de la montaña, saliendo de Mochitlan por la ruta a Cuatomatitlan, caramba parecíamos alpinistas del Everest con nuestro sherpa[2] y por el entusiasmo que pusimos al subir. 
Puedo decirles que ya desde la falda el paisaje prometía ser interesante, así que tan pronto el guía inició a caminar todos lo seguimos interesantísimos, la bromas de siempre que cuanto falta, que la respuesta, ya casi, aquí tras lomita, pues haciendo varias paradas para no dejar que el grupo se desvaneciera mucho y una para tomarnos unos mezcales, caminamos algo así como seis quilómetros, subiendo aproximadamente dos mil metros para llegar a la cumbre de 2750[3], tres mil metros marco el GPS de Tulio, el trayecto de subida lo caminamos en aproximadamente dos horas y la bajada en un poco más de una hora.

 













Fueron tramos muy empinados y otros menos; casi planos, cruzando un bosque continuo de encinos, principalmente, la mayoría jóvenes; y ocotes casi todos jóvenes, los líquenes sobre las piedras y tallos hacían un paisaje colorido, los musgos, orquídeas y otras plantas arbóreas llenaban el follaje, acompañadas en el piso con helechos y otras plantas bajas, el camino repleto de hojas de coníferas y encino, casi en la totalidad del trayecto.


 A lo anterior podríamos agregarle que a manera que ascendíamos la majestuosidad de la Sierra Madre del Sur era impactante, somos un minúsculo punto en el paisaje hermoso de esta cadena montañosa, un cielo parcialmente nublado y un clima fresco nos permitió subir con mejor suerte, tal vez en verano con el calor no hubiéramos llegado, la hija del guía con magnífico paso durante todo el trayecto nos sorprendió a todos, siempre liderando con su padre y hermano, me recordó a mis hijos de niños, que a diferencia, no querían a veces caminar.

La cumbre, caray cuando vi el pequeño refugio, me sentí como debió haberse sentido Carlos Carsolio[4] cuando llegó a la cima del Everest[5]
Esta cima, como han de ser todas las de las grandes montañas de México, al parecer fue un asentamiento prehispánico, existen muchos  tepalcates de cerámica antigua que lo testifican, de mezcales sólo logré ver unos cuantos en la cúspide, en el camino no había, tal vez la majestuosidad del bosque me distrajo.
El almuerzo ahora fue un verdadero picnic, ya que cada quien llevó diferentes comidas y compartimos resultando en un verdadero buffet internacional. Se prendió una fogata para calentar las viandas, eso si con mucho cuidado para evitar un siniestro, apagándola al partir. Los alimentos acompañados de mezcales, Leonardo nos convidó uno que llevaba de borrego, exquisito, que fue con el que abrimos los ritos al mezcal desde medio camino hacia arriba, después seguimos con el de la Chicotona el cual tuvo un mal final ya que aún sin terminar su servidor decidió ofrendárselo a la montaña del mezcal, desde luego fuera de mi voluntad más bien fue causa de mi torpeza.
La tertulia se prolongó, con interpretaciones de canciones por Emperatriz, Tulio padre e hijo, las siempre acostumbradas de Francisco Méndez y una poesía sobre la Miel, mal declamada por su servidor. Ismael se perdió deliberadamente el momento debido a su afición por las orquídeas, con gran respuesta a su tesón ya que encontró algunas hermosas.
Orquidia
La bajada la hicimos en menor tiempo con algunas inconvenientes ya que fueron varios quienes resbalaron y cayeron, desde luego sin nada grave que lamentar, sólo el susto y las bromas al respecto. Ya no hubo ninguna cosa posterior una vez descendido así que básicamente terminando el descenso acabó la jornada.
Esta montaña tiene historia de ceremonias religiosas en su cúspide desde tiempos remotos, en un libro de geografía de los cincuenta dice que también se le llama volcán negro y se suponía entonces un volcán extinto, para nada semeja su cumbre a un cráter ni vi alguna roca que pudiéramos decir fuera de basalto[6].

La montaña aparece en google, pero en otras sitios incluso Inegi la ignoran[7], aquí les pongo un mapa del area, de INEGI:
.


[1] http://es.getamap.net/mapas/mexico/guerrero/_mezcaltepec_cerro/
[2] http://es.wikipedia.org/wiki/Sherpa
[3] http://es.getamap.net/mapas/mexico/guerrero/_mezcaltepec_cerro/
[4] http://es.wikipedia.org/wiki/Carlos_Carsolio
[5] http://es.wikipedia.org/wiki/Monte_Everest
[6]http://es.wikipedia.org/wiki/Basalto
[7] http://cuentame.inegi.org.mx/monografias/informacion/gro/territorio/relieve.aspx?tema=me&e=12