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jueves, 5 de febrero de 2026

Funcionamiento.

 

 


 

México, ya libre de la tutela española, nació como suelen nacer las criaturas de parto difícil: entre gritos, sangre y desorden. La guerra de Independencia, que nos dio patria pero no sosiego, dejó en los campos y caminos alrededor de seiscientas mil vidas, cifra respetable si se considera que el país apenas aprendía a llamarse nación. No bien se hubo apagado el humo de los cañones cuando surgió la inconformidad, ese deporte nacional que jamás ha pasado de moda, y con ella nuevas contiendas, pronunciamientos y guerras civiles.

Las llamadas Guerras de Reforma, que pretendían enderezar la República como quien acomoda un mueble cojo, costaron entre cien y doscientas mil muertes, sin que el mueble quedara del todo firme. El siglo XIX se fue así, entre ideales elevados y realidades torcidas, dejando pendiente la tarea elemental de hacer funcionar el país.

 Fue entonces cuando apareció el Porfiriato, largo paréntesis de paz vigilada, donde el país pareció funcionar al precio del silencio. Don Porfirio Díaz cambió la inestabilidad por disciplina, y la discusión por obediencia. Las huelgas se resolvían a tiros, los pueblos indígenas eran perseguidos o deportados, los yaquis enviados a trabajos forzados, y la disidencia aprendió a callar si quería sobrevivir. Ese orden, tan celebrado por algunos, dejó un saldo que rara vez se anota en los balances del progreso: entre treinta y cincuenta mil muertos, sin contar a los exiliados, encarcelados y a quienes murieron lentamente lejos de su tierra. La máquina, en apariencia bien aceitada, funcionaba; pero lo hacía apretando demasiado los tornillos

Entrado el siglo XX, cuando ya se suponía que la experiencia algo había enseñado, estalló la Revolución Mexicana, empresa tan romántica como devastadora, que cobró cerca de un millón de vidas. Se cambió el discurso, se cambiaron los hombres, se cambiaron los uniformes, pero el funcionamiento siguió siendo asunto aplazado. Para los creyentes —que también eran pueblo— el arreglo no llegó, y así surgió la Guerra Cristera, menos épica en los libros pero igual de sangrienta, con aproximadamente noventa mil muertos, entre combatientes y civiles.

Y aun así, el país no terminó de andar.

Ya hacia finales del siglo pasado se apostó por un sistema llamado “democrático”, con la esperanza de que las urnas lograran lo que las balas no habían conseguido. El resultado fue la llegada al poder de un gobernante feroz en sus decisiones, bajo cuyo mandato se desató una guerra interna que, sin declararse formalmente, dejó más de trescientas cincuenta mil víctimas entre muertos y desaparecidos. Fue una guerra sin partes oficiales, pero con cadáveres muy reales.

Luego llegó un hombre que se dijo inocente de la violencia y portador de un plan solemne, la Cuarta Transformación, prometiendo —y cumpliendo al menos en eso— no mover la maquinaria nacional a base de pólvora, sino de discursos y paciencia. Hoy, con su sucesora, se dice que ni con él ni con ella termina de funcionar el mecanismo.

Pero, visto con la serenidad que da la historia, hay que conceder algo: por primera vez no fue necesaria una guerra para intentarlo. Y en un país donde casi todo ha querido resolverse a balazos, eso ya es, cuando menos, una rareza digna de mención

jueves, 14 de septiembre de 2023

La democracia y la simulación para saquear.

 


Desde el comienzo de este siglo, México ha experimentado un auge en su vida electoral que, en apariencia, busca consolidar la democracia. Sin embargo, este proceso se ha convertido en un derroche millonario en la búsqueda de nuevos líderes. La "alternancia" se ha convertido en una palabra de moda utilizada para justificar la proliferación de partidos políticos y aspirantes al poder sin límites.

Hasta la fecha, hemos presenciado tres diferentes administraciones bajo el disfraz de la alternancia, con la actual aún en curso. A pesar de esto, ya se están gestando al menos dos enfoques gubernamentales distintos: aquellos que desean continuar el proyecto de AMLO y aquellos que buscan distanciarse de él, dispuestos a seguir entregando los recursos del país a intereses extranjeros a cambio de un estilo de vida elitista, como lo han hecho durante las últimas cuatro décadas.

Es evidente que, al igual que en la época de López Portillo, un solo individuo parece tener todas las cartas a su favor para ganar. La oposición debe aprender de la historia y desarrollar una estrategia sólida si desean mantenerse relevantes en este sistema político.

El partido que históricamente detentó la presidencia en el siglo pasado ahora ni siquiera puede presentar un candidato viable, demostrando su incompetencia al punto de atribuirse logros ajenos como propios. Otro partido, por su parte, sigue una ruta similar debido a su arraigada religiosidad, esperando que Dios intervenga en su favor. Algunos partidos se han unido a la que parece ser la fuerza ganadora, una decisión que, aunque dolorosa, es pragmática para su supervivencia, mientras que el partido que se unió al perdedor debería reconsiderar su existencia, ya que ha cumplido su propósito y debe revaluar su rumbo.

Además, ha surgido un candidato independiente, un ferviente creyente en sus propias ideas, que podría presentar un desafío peligroso para la coalición gobernante. Dadas las tendencias mundiales de los últimos cinco años, con ejemplos en Ucrania, Brasil y Argentina, donde movimientos similares han ganado fuerza, es crucial que México no siga ese camino. A pesar de la historia que muestra los peligros de este tipo de liderazgo, la historia tiene la tendencia de repetirse, y esperamos que los ciudadanos mexicanos no sientan la necesidad de hacerlo.

Durante el mandato actual, los opositores se han centrado en criticar y desacreditar al presidente en lugar de proponer soluciones concretas para mejorar la vida de los mexicanos. Esto ha dado una ventaja significativa a su sucesora en las próximas elecciones. La pregunta que debemos hacernos es: ¿es más fácil luchar por defender lo que ya se tiene que luchar por lo que se carece?

La oposición ha atacado al presidente no porque carezca de recursos o privilegios, sino porque no les permite arrebatarles a otros lo que ellos ansían. Parece que su objetivo no es servir al país, sino enriquecerse a sí mismos. Incluso podríamos especular que son aliados de gobiernos rapaces extranjeros en lugar de defensores de México y su gente.

lunes, 10 de mayo de 2021

Observando el momento .

 

Estamos viviendo un momento por demás interesante, crítico y polifacético.

En lo relacionado al gobierno actual, después de haber sufrido en México gobiernos corrupto, traidores e impunes; el pueblo optó por llevar a la presidencia a la única persona a la que no le habían demostrado tener lo que los gobernantes anteriores tenían con creces.

A pesar de que la probabilidad de que este personaje llegara a ganar una elección fuera poca, dado los antecedentes electorales, ganó.

Y tal vez fue el margen de votos tan amplio con que lo hizo. Inesperado tal vez para los árbitros, que no supieron como robar la elección.

Existen múltiples teorías al respecto. Pero no es el tema que yo abarcaré ahora.

A esta casualidad, podemos agregar que al segundo año de este gobierno se presenta una pandemia que a carcomido a la población mundial y afectada las economías de todos los países. O sea, lo anterior, es la situación de la economía y la salud; no exclusiva de México, sino que de todo el mundo.

Por otro lado, el país al norte de la frontera ha tenido cambios en su gobierno un tanto inusuales, igual que aquí, que de alguna manera producen olas de interferencia por acá.

Redes:

Se dice que las redes fueron influencia para ganar las elecciones, pero yo más bien pienso que lo que pesó fue el viaje por el territorio mexicano del ganador, previo a las elecciones. Incluso ahora uno de los perdedores lo toma como posibilidad para contender en las siguientes elecciones.

El señor presidente lleva dos años y meses complicados, mientras la oposición con sus seguidores se han dedicado en redes; y también en la calle, a desprestigiar las políticas del gobierno. A ellos se les suman todos aquellos afectados por las mismas políticas.

No es difícil deducir que, si se le quitan los privilegios a una televisora; considerando, históricamente, el comportamiento de cualquier empresario de alto nivel, sus empleados igual saldrán afectados e inteligentemente el patrón los azuzará en contra del gobernante. Cosa que está sucediendo para mal de México.

Pues bien, nadie es perfecto e igual aplica al gobernante, así pues; que, en las redes, cualquier tropezón del gobernante se convierte en una publicación catastrófica emitida por los opositores. Entre ellos circula como la peor acción de gobierno. Cuando no hay uno, incluso inventa otro falso para seguir la tónica del desprestigio.  

Mi pericia en las redes, debido a mi formación profesional, me permite divertirme, en tiempos muertos, estudiando los comportamientos de quienes están en contra del gobernante y se puede detectar un patrón de ataque orquestado.

Mi especialidad es resolver problemas.

Tengo un talento innato para resolver problemas, cuando fui empleado, me pagaban bien por hacer eso. Así que no sólo puedo resolverlos, sino que los detecto y me emociona atacar el problema, en ocasiones como droga se mete el problema en mi y no paro hasta resolverlo.

Desde que desaforaron al actual presidente en el periodo de Fox, he seguido la actitud de quienes ahora son oposición y son de cuidado, no seden en su afán de seguir adueñándose de las riquezas del país. Que constitucionalmente pertenecen a la población, pero que ellos, al igual que las grandes corporaciones del mundo; al estilo Zapata, consideran que son de quien las extrae a cualquier costo, sobretodo si ese costo lo paga alguien ajenos a ellos.

El poder de AMLO.

Tiene mucho tiempo en que un presidente de México haya tenido tanto poder como el actual, mucho menos, al menos no se de alguno que haya actuado con la cautela, paciencia y serenidad  que este. Durante el poco tiempo que tiene en el poder lo menos malo que ha recibido es una mentada de madre. Y apegado a su ideología se mantiene, relativamente tolerante, se defiende sí, en las mañaneras y de eso también se le critica, con razón a veces, pero la mayoría para seguir atacándolo. Para donde se mueva es atacado por sus opositores. Incluso me asombra que personas cultas, preparadas e inteligentes caigan en esta tónica.

Aquí hay que hacer una reflexión importante.

Cualquier otro gobernante con ese poder y con los ataques que recibe ya hubiera hecho lo siguiente:

Expulsar del país a los expresidentes, incluso encarcelar algunos; cambiar a los magistrados de la suprema corte de justicia, disolver el congreso y gobernar por decreto. Siendo más apegado al poder tirano, mandar a matar a cualquier opositor, incluso desaparecer los medios que están en su contra.

Pero solo les dice lo que son y recibe más ataques. Aquí cabe recordar aquella advertencia infantil; no te quejes de lo que pase cuando le jalas la cola al gato (tigre en este caso)

La intervención extranjera.

No se necesita ser de una agencia de inteligencia, para darse cuenta como está infiltrada en los ataques al presidente las corporaciones extranjeras, incluso algunas de ellas respaldadas por sus gobiernos. Se apoyan en tratados internacionales de los que, estrictamente hablando, son anticonstitucionales; ya que violan los principios básicos de la constitución. Además fueron hechos bajo sobornos a los gobernantes anteriores. Recordar “que se os ha conferido y guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen, mirando en todo por el bien y prosperidad de la Unión”(1).

 

 

 

El regreso.

Ahora bien. La guerra en las redes, entre los a favor y los en contra, se hace por medio de la infantería de cada lado, gente que en sus perfiles presumen de títulos y hasta doctorados, pero que en sus comentarios se comportan como placeras. Argumentan de un lado, tanto como del otro, con datos compartidos entre los de su mismo bando; algunos reales, pero muchos falsos. Desde luego que esa batalla no será la que lleve a la oposición al poder, están demasiado desprestigiados, sus modos de gobernar, para lograrlo así.

La fuerza de espionaje y contraespionaje influirá en el resultado, pero será difícil para la oposición convencer a quienes están siendo beneficiados con el sistema actual y que durante cientos de años fueron abandonados por los anteriores gobiernos.

Los errores.

Nadie en su sano juicio podría negar que AMLO a cometido errores, pero ninguno de ellos supera todas aquellas acciones deliberadas que hicieron los gobernantes anteriores.

Aclaremos: No es lo mismo regarla, que actuar con conocimiento de causa para fastidiar a la población y quedarse con la tajada del león.

Así pues, todas sus faltas, ya sea por errores imprevistos o por acciones hechas debido a la incompetencia de su equipo, no son suficiente razón para aceptar el regreso de un grupo de saqueadores del patrimonio nacional. Tendremos que esperar, presionando desde luego que quienes nos están gobernando deben hacerlo de la mejor manera.

Y como dijo el que preside el gobierno, llevar a la cárcel a todo aquel que tome lo que no le corresponde, no permitir ni el saqueo ni la impunidad.

Tal vez el progreso se atrase debido a lo complicado del momento, pero poner en el gobierno a quienes estuvieron, sería un terrible error del que nos arrepentiríamos por el tiempo que durara; eso, si nos mantenemos con vida todo ese tiempo, ya que lo más factible es que ellos si harían, lo que AMLO no pretende hacer, reprimir a muerte a sus opositores. 

(1) https://regeneracion.mx/quien-es-el-juez-juan-pablo-gomez-fierro/

martes, 4 de mayo de 2021

La responsabilidad.

 



Ser responsable es tal vez la base de mi formación como ser humano. No considero que podamos vivir en armonía siendo irresponsables, sin embargo, día a día me enfrento con la irresponsabilidad de mis congéneres. Es probable que yo mismo e incurrido en irresponsabilidades sin darme cuenta.

Lo anterior, definiendo como responsable a: Dicho de una persona: Que pone cuidado y atención en lo que hace o decide.

Y la responsabilidad, como la capacidad existente en todo sujeto activo de derecho para reconocer y aceptar las consecuencias de un hecho realizado libremente.

La primera muestra que observo en cuanto a la irresponsabilidad es cuando una persona en lugar de aceptar, sin objeción, que hizo o está haciendo algo indebido; decide por voluntad, culpar a algo o a alguien de lo que es en principio su responsabilidad.

Así miramos personas irresponsables en actitudes, incluso simples, en donde aceptar la culpa no lleva a ningún castigo.

Como ejemplo, cuando se usa un producto nuevo sin leer el instructivo y después lo acusa de no servir. Es común, incluso se forman grupos de personas apoyando la equivocación. Cuando miro algo así me digo, que sucederá si fuera algo más serio.

Pero hablando de cosas serias, miremos el caso del candidato de Morena a la gobernatura de Guerrero. Los medios divulgan que el susodicho candidato tiene averiguaciones previas por acoso y violación. Aquí participaron diferentes sujetos quienes debieron actuar responsablemente.

El acusado, si fuera responsable atendería la acusación. Si es inocente exigir las pruebas y a falta de ellas demandar a quien lo difama. No lo hizo.

Como la fábula de la almohada de plumas, se rompió la almohada y ya no hay manera de juntar las plumas de nuevo.

 Quienes acusaron nunca probaron. Y la autoridad a quien corresponde seguir esos delitos nunca ejecutó acción alguna contra el acusado. Incluso las susodicha afectadas, actuaron irresponsablemente al retirar las acusaciones a pesar de que fortalecieron la difusión del daño.  En este suceso se muestra la irresponsabilidad de todos los actores que participaron en el suceso.

Pero lo anterior se volvió una bola de nieve bajando la pendiente. La principal autoridad electoral retira la candidatura del mencionado, utilizando mediáticamente la acusación de violación, pero aplicando la ley en base a un delito menor electoral. La autoridad electoral, tanto el instituto como el tribunal pensando que por tener el sujeto el antecedente dudoso de violación y que muchos en las redes, incluyendo los de su partido lo miraban como tal, aplicó el castigo irresponsablemente suponiendo que sería un éxito su decisión. Resultando todo lo contrario. Ahora se pone en duda la imparcialidad del árbitro.

 Lo más irresponsables, es la manera en que las masas lo interpretan. Quienes están a favor de lo que sucedió, sin el menor razonamiento aceptan irresponsablemente que estuvo bien, quienes están en contra lo miran irresponsablemente como un ataque a su movimiento. Lo peor de todo, que habiendo tres poderes que nos gobiernan ninguno de ellos tiene el poder ni el consenso de todos para llevar el asunto a un término responsable.  

Todo lo anterior nos lleva a pensar responsablemente; que en todo esto, existe un caos, donde la irresponsabilidad de todos es la causa de nuestra desdicha. O sea que a río revuelto ganancia de pescadores.

Pero porqué digo tal cosa. Resulta qué, en un sistema democrático, mejor dicho, uno que intenta ser democrático, la participación de todos los ciudadanos debe ser la responsabilidad principal, tanto en el votar como en el ser votado. ¿Qué resulta en nuestro país? Que salvo contadas excepciones en cuanto a ser votados solo hay puro delincuente y para votar salvo excepciones hay mucho acarreado; y muchos no participan en alguna de las partes. Así que es obvio que no existe democracia, sino algo simulado para que alguien que tiene el poder; y que desde luego no es ese de los tres poderes, sino que otro que lo ejerce a su manera, obtenga lo que desee de este territorio rico en recursos. Esto último se podría pensar que es una irresponsabilidad mía ya que no doy las pruebas de tal cosa, pero vale igual llegar a tal conclusión por deducción.

Así pues que si no existió democracia, cualquier cosa que suceda, a lo que menos dañado podrá hacerle será a ella.