Leí en el Sol de Chilpancingo
una nota, “Según yo Con tanto que le invertí”, firmada por Paty Blue, calculo
que de mi edad o algo mayor, por el contenido de la nota.
Con una prosa clara que te invita
a terminar de leer el artículo, describe su sufrimiento escolar con los
quebrados, el algebra, la trigonometría
y la caligrafía; que nos enseñaron en nuestro tiempo de escolares.
Aunque no estoy precisamente
de acuerdo con Paty en cuanto a la inutilidad de haber aprendido lo anterior o
haber intentado aprenderlo, sí lo estoy, en cuanto a que pienso que más de la mitad de la
población que fue a la escuela no debió haber ido, lo que hubiera llevado a
un ahorro en el presupuesto increíblemente millonario, el cual, si nuestro
gobierno no fuera corrupto, pudo haber invertido en cosas mejores para esa
mitad desinteresada en la educación.
No se requiere ser sociólogo
ni antropólogo para darse cuenta que la población ni escribe, ni lee; por lo que
no tiene razón haberles tratado de enseñarles eso, mucho menos utilizan las
materias que Paty menciona. En cuanto a la caligrafía menos, ya que ni
escriben, incluso yo que sí escribo, la utilizo en ocasiones para hacer tarjetas
de felicitación, pero ahora con los fonts tan bellos de las computadoras
prefiero imprimirlas.
Yo quizás esté entre los
ingenieros que más matemáticas estudiaron, de las cuales, algunas sigo
utilizando, otras ni las aprendí y menos las utilizo, pero creo que si las
hubiera aprendido y usado cotidianamente me ayudarían inmensamente a
facilitarme lo que hago.
Dice un dicho “el que nada
sabe nada teme”, así con las matemáticas, quien las desconoce no tiene nada que
temer pero tampoco tiene mucho que hacer.
Hace un tiempo leí un libro
sobre algo que se llama la Ley de Parkinson, entre las cosas que menciona es
cómo quienes laboran en la burocracia siempre están muy ocupados incluso
aquellos que no hacen nada.
Así entre los ciudadanos del
mundo quienes no saben de quebrados, algebra y trigonometría, viven parasitando
a quienes si lo saben, y no se me pongan roñosos, porque millones utilizan
autos, celulares, tienen casas, que son objetos que requieren un alto grado de
conocimiento de las materias en cuestión, tanto para hacerlas como para
comprarlas. Pero en la vida cotidiana las cosas son como en la burocracia,
algunos son quienes sacan el trabajo pero todos cobran como si participaran en
hacerlo. No todos aquellos que tienen dinero para pagar los beneficios de la
tecnología, realmente merecen tener el dinero y la tecnología, pero como
miembros de una sociedad civilizada, debemos aceptar que aún siendo así, los
incapaces merecen vivir; y quienes pensamos y trabajamos deberemos seguir
cargando con los lisiados e idiotas.
Magnífico artículo Paty Blue.