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martes, 11 de julio de 2023

Cómo llegar a polímata.

 


La vida que tenemos es única, por lo que cada momento que vivimos debe ser uno de felicidad, aunque tengamos encajado un clavo en la uña. El dolor que nos ofrece ese clavo sólo nos recuerda que estamos vivos y nos agrega experiencia y conocimiento. Y no conoceremos otra manera de sentir emociones que ésta que ya tenemos que es nuestra propia vida.

No se a quien se le ocurrió que teníamos que estar encerrados desde los tres años en cuartos pequeños frente a un adulto que supuestamente nos enseñaría; a no sé qué tantas ocurrencias. Haciéndolo suave, una cárcel del “conocimiento”

Tómese un día y camine por el campo, aproveche ahora que aún existe, y vague por él observando todo lo que tiene vida, trate de entender cómo se las arreglan para vivir esa vida a su alrededor sin acudir a la escuela.

Pues bien, lo anterior fue sólo una disertación sobre algo escabroso, de lo que pocos en este siglo se atreven a hablar.

Pero hagamos una remembranza de nuestro tiempo vivido, las interacciones que hemos tenido con diferentes personajes; y tratar de hacer un compendio de todo eso que de ellos aprendimos.

Aún recuerdo cuando apenas tenía escasos seis años, iniciaba mi educación primaria, vivía en los departamentos que alquilaba el señor Alarcón enfrente de la iglesia de San Francisco del barrio con ese mismo nombre.

Había varios niños de mi edad y alternativamente o juntos jugábamos todos los días. No se como surgió la idea, el caso fue que nos dio por coleccionar las figuras que entonces traían los paquetes de los cerrillos Clásicos de la Central Cerillera.  Eran impresiones de pinturas; de las que siempre nos han dicho que son clásicos, pero con las redes ahora sabemos que existen multitud de pinturas, de esos tiempos, tan lindas o mejores que ellas. El caso es, como ya en otra plática comenté, que en el predio, atrás de la parroquia, se usaba de basurero; pues ese era el lugar indicado para buscar los paquetes vacíos.

Casualmente en los alrededores de la parroquia rondaba entonces un indigente apodado el Chivo, este apodo debido a su barba blanca parecida a la de un caprino. Pues bien, de ése humilde personaje, culto, por cierto, (al parecer Florencio Salazar escribió algo sobre él) aprendimos que existía un álbum que la misma cerillera proporcionaba para el juego que habíamos iniciado, por cierto, por ahí anda uno que mi hermano Jorge completó. Hasta mi madre se involucró en la colección de figuras.

Pero, así como El Chivo nos compartió su conocimiento, existieron varios personajes en mi vida que me enseñaron pequeñas cosas que, en conjunto, considero yo, fueron las que me formaron para mi creatividad y habilidad para resolver problemas.

Otro que recuerdo; y que también en mi primer libro lo menciono, fue aquel que, ahora fue en la colonia donde vivo actualmente, indigente también, y casualmente también en un basurero; que los de la colonia improvisaron, para esto de improvisar basureros los de Chilpancingo son muy hábiles, recogíamos frascos para practicar el tiro al blanco con las resorteras. Este otro personaje, un día se acercó, estábamos jugando a el burro con una baraja española; entonces yo rondaba los diez años, él nos enseñó unos trucos con ella, nos dejó asombrados; como cualquier niño se asombra con un truco. Pero hubo dos que incluso yo seguí utilizando, en ocasiones porque era fantástico ver como quedaban impresionados los que lo miraban. Uno, que se hacía con dos palillos de dientes o similares y el otro con un cinturón y con un pequeño listón de madera de los que había entonces muchos tirados en el llano donde jugábamos; había sido un aserradero ahí.

El de los palillos consistía en poner uno en la palma de la mano y con el otro frotándolo en el cabello, posteriormente acercándolo al de la mano lo hacía brincar. El truco es lograrlo, se los dejo de tarea.

El del listón y el cinturón consistía en hacer una ranura a la mitad al listón donde encajará el cinturón para que pudiera colgar de este. Luego poner una punta del listón sobre el dedo índice y ver como se balanceaba sin caerse ambos al suelo.  Después de mostrar que se podía se le daba al otro para que repitiera el truco, he ahí la gracia, a él no le funcionaba.

Así se va aprendiendo en la vida pequeños detalles que a la larga lo convierten en un individuo útil a la sociedad y no uno como aquellos que tienen hasta doctorado y se quejan de que no hay empleo.

viernes, 22 de octubre de 2021

De vaqueros.

 

 

 Termino de ajustar el cincho hecho de cuero y crin de caballo con argollas de hierro,  de poner después el freno de fierro sobre los asientos del hocico de la yegua, le acomodo la crin de la frente a la bestia alazán. Pongo el pie izquierdo en el estribo me impulso con el otro y me montó en la silla. Jalo hacia la derecha el freno y golpeo con los talones los ijares para que la yegua inicie su marcha.

Salgo de la casa grande para dirigirme al encierro que se localiza en un bordo del inmenso llano. Enfilo por el camino a galope cruzando el pequeño pueblo; poblado con construcciones de redondos al estilo africano. La gente, la mayoría de origen africano, caminaban a un lado ensimismados en su rutina diaria: mujeres delgadas, con sus jarrones de barro; equilibrados sobre su cabeza, que iban y venían del chorro, un manantial que surtía de agua limpia a la pequeña población del lugar. Otras cargaban palanganas, hechas de cascara de calabaza, repletas de nanches que habían recolectado en las grietas del llano, otras llevaban a cuestas la ropa que lavaron.

Seguí incitando a la yegua para que galopara. Salí del pueblo, desde ahí ya se miraba el bordo. Donde en una casa de adobe, con techumbre de tejas de barro recocido sostenida por vigas de palo de zopilote; con puertas y dinteles de la misma madera, se dividía en tres habitaciones, donde en cada una de ellas vivía un vaquero con su mujer e hijos.

Llego a galope, desensillo, luego me dirijo al encierro; un inmenso coral de palos entrecruzados, donde los vaqueros se encontraban ordeñando. Los becerros apartados en otro corral pequeño de donde se sacaban uno por uno para que identificaba a su madre, se ataba a ella y era después ordeñada por el vaquero.

En la casa, las mujeres colaban la leche cuajada de la ordeña del día anterior, una de ellas la salaba y molía en el metate mientras otra la recogía, llenando un aro circular la apelmazaba dentro de él para darle forma a los quesos frescos que acomodaba envolviéndolos con hojas de plátano, después los venderían en el pueblo.

Un vaquero que ordeñaba gritó a los demás: --llegó el nieto de Don Germán. Voltearon los otros suspendiendo su actividad. Uno de ellos terminó la ordeña de la vaca en turno se dirigió con el balde de leche hacía donde me encontraba, le digo:

--Tienen que escoger los becerros destetados y juntarlos para tenerlos listos en la tarde, vienen por ellos el comprador para llevarlos a engordar a Veracruz.

Tenía escasos diez años, luego de entregar el recado, me iba a la casa del bordo donde me entretenía con los hijos de los vaqueros, las señoras me daban leche en una jícara donde le poníamos tortillas cortadas en pequeños trozos. Luego con el mayor de los hijos nos íbamos al encierro a jugar con los becerros.

Después de la ordeña acompañaba a los vaqueros en la búsqueda de los becerros destetados para arriarlos al corral, también a las vacas recién paridas para herrar a los becerros recién nacidos. Nos movíamos a caballo hasta un lugar en el paso de Soto.

Ahí era uno encierro que se tenía que desyerbar a machete, todos nos bajábamos de las cabalgadura, les quitábamos el freno para que pudieran pastorear. Luego sacábamos nuestros machetes, nos poníamos a chapodar, antes cortaba una rama en forma de gancho, de algún arbusto, que servía para jalar la hierba y darle el tajo con el machete. Yo sólo me hacía pendejo, ya que el machete que me daba mi abuelo no cortaba ni madres. O yo no sabía como hacerle.


Terminando la chapodada; o ya entrada el hambre, acomodados bajo de una gigantesca parota comíamos cada quien lo que llevaba para el caso. Yo llevaba lo que mi abuelo le preparaban para mi en la fonda: tacos de chirmole de puerco, picoso; que los cambiaba por los tacos de queso fresco que llevaban los vaqueros, ellos preferían los de puerco. La comida acompañada con agua del manantial que llevamos en el bule.

Terminando de comer, los vaqueros se preparaban pequeños cigarros con hojas de tabaco, que para el caso llevaban, en ocasiones me convidaban. Eran pequeños puros de tabaco natural orgánico. Eso no lo sabían, ya que entonces todo era así.

Después de un rato nos metíamos al río a bañarnos. En ocasiones cruzábamos el río a caballo para ir por plátanos; en una plantación que estaba del otro lado, ahí me enseñaron hacer con una hoja de plátano doblada un instrumento musical al que se le soplaba y sonaba como trompetilla para hacer música. Esa vez me regresé haciendo música desde el río hasta el pueblo. Me callaban los vaqueros, pero no les hacía caso, yo era el patrón.

Pero no eran unas dulces palomas que se sometían a la jerarquía, en el camino un día nos encontramos una vaca parida; así que había que lazar al becerro. Como yo ese día llegué presumiendo que me habían comprado mi reata de lazar, me dieron la encomienda de lazar el becerro. Desde el caballo así lo hice, cuando el becerro sintió el lazo se dio el jalón y me quemó la mano con la reata. Los vaqueros ya mero se orinaban de la risa mientras yo me sobaba la mano quemada.

Ya de regreso al bordo, cabalgábamos a una de las pequeñas cañadas donde se formaba una poza, ahí fue el primer lugar donde vi camarones vivos. Íbamos para darle un buen baño a los caballos, a ellos les encantaba que los mojáramos y restregáramos con zacate, yo disfrutaba darme chapuzones en el agua tibia de la poza.


Para mi eran días maravillosos, cuando montaba la yegua me sentía el Llanero Solitario, son parte de los recuerdos que me mantienen con ánimo en la vida.




lunes, 14 de octubre de 2019

Comida campestre.


https://es.wikipedia.org/wiki/Polybia_occidentalis
Las avispas (vespidae) son insectos benéficos para la naturaleza y de una u otra manera para el humano. Aunque el beneficio entendido por los humano no siempre es respetando a la naturaleza; incluso en algunos casos es terriblemente dañino.

Pues bien, menciono lo anterior porque este domingo que los Caminantes del Maguey salimos a caminar, tuvimos una experiencia nueva. Que si bien en otras épocas se hubiera visto de lo más normal; ahora se que habrá algunos que lo mirarán como un acto de destrucción del medio ambiente. Además de una crueldad para la especie afectada.

En el municipio de Chilpancingo, Guerrero, México, existen unas pequeñas avispas negras portadoras de un aguijón con el que inyecta un veneno urticante a sus enemigos(1).

En el camino
Caminabamos alegremente rumbo al nacimiento del Río Huacapa cuando un viejo conocido trabajador del mezcal se nos unió en la caminata, ya casi llegando al destino, en un árbol; junto a un cultivo de maíz, se encontraba colgado un panal de las avispas en mención. Cuando sucedió lo siguiente, yo ya iba muy adelantado así que no miré como fue, contaré lo que me platicaron: el de la acción y quienes miraron el hecho.

Parada táctica

Resulta que el caminante adjunto Beto; o sea, el que se nos unió en el camino, de alguna manera, que se notó el ya dominaba, logró derribar el panal de las avispas; sin sufrir ninguna agresión por parte de ellas; y sí que agreden, ya que en mi infancia en varias ocasiones por hacer lo mismo sufrí picaduras.

El destino
Posteriormente ya que ellas desistieron en rescatar su espacio vital, Beto fue por él y lo trajo a donde ya estábamos nosotros preparando el bodegón, con las viandas que cada quién llevó para acompañar algunas copas de mezcal y disfrutar un agradable día de campo junto a las frescas aguas del río. Así pues que salió el queso que asaríamos, los ricos ajos de Boli, los mezcales artesanales que cada quien lleva, una botella de vino blanco; sospecho que Nolo ya sabía lo de las avispas ya que como platillo estas que casi son mariscos; con su buena ración de omega 3, los granos dorados de cacao y algunas frutas como tunas y guayabas.

El bodegón,
Así que les contaba: Beto fue y recogió el panal, al tiempo que regresaba nos fue diciendo que se comen asados; cómo asábamos el queso, que además eran exquisitos. Así que pecamos, y nos comimos como los más malos humanos de la tierra a los bebés de las avispas.

El asado
Estás avispar bien se habrían podido alimentar de insectos plagas de la milpa, pero al igual morir en ella al momento de que el dueño de la misma fumigara; ya que prefieren esta técnica al control natural.

Servido.
Pero igual yo lo mire así para justificar mi acción. Dejemos que el tiempo nos diga sí fue bueno o malo lo que hicimos ya que aunque fue uno solo el que efectuó el delito todos cooperamos en comernos el producto del mismo.



El Paiaje.

La picadura de Polybia paulista contiene una fuerte toxina llamada MP1 cuyas propiedades anti-cancerígenas están siendo estudiadas.4​

Todas las fotos de #Edgarpmiller

https://www.facebook.com/caminantesdelmaguey/?ref=bookmarks

https://es.wikipedia.org/wiki/Vespidae

https://www.excelsior.com.mx/nacional/2014/02/27/946074

http://insectsarefood.com/resources

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/28435107

jueves, 20 de septiembre de 2018

Me faltan palabras para describir tu belleza.


Foto de #EdgarPMiller


Salí a caminar este domingo como en cualquiera otro, a fines del verano y a mediados de la temporada de lluvia, el camino escogido fue rumbo a la cueva donde surge el Río Huacapa.

Ya de regreso camino por la campiña del lugar, una que para ojos citadinos sería sólo aquel paisajes que pasa rápido por los cristales de sus autos; para mi es mucho más que eso, me faltan palabras para describir tu belleza campiña de mi tierra; yo no te escogí para nacer en ella pero aquí fue y no quise abandonarte por eso sigo contigo.

Camino lento escuchando el ruido constante del agua que caudalosamente corre en el cauce del río, lo miro y por momento siento como el agua huye precipitadamente a ocultarse en el mar, siento que percibe su destino asqueroso al pasar por mi ciudad, Chilpancingo. Pero él es insensible, me digo, ni se entera, es mi mente la que le da sentimientos. Ahora su masa líquida es abundante gracias a las copiosas lluvias y a que aún quedan algunos bosques en sus vertientes, sus afluentes también llevan escurriendo cristalinos hilos de agua. Las piedras en su rivera se vuelven de colores cuando se mojan; pierden ese gris terroso acostumbrado, ahora son gemas brillantes que adornan la corriente.

Sigo mi andar rodeado de este lugar tranquilo pero con la incertidumbre de las amenazas conocidas y miro hacia el frente, el horizonte se observa igual que aquel de nuestro destino, uno borrascoso inquieto que cubre poco a poco el añil del cielo, los nubarrones forman rostros de ogros fantásticos que quieren devorar el cielo. Me aterra, piensa bonito, mejor miro otras cosas, me inquieta imaginar el futuro; vive el presente me digo, entonces miro a mi derecha y ahí como reina salida del palacio, miro una planta buscando el cielo; coronada con una flor carmesí y una espiga a su lado como custodiando a ella para protegerla usando los estiletes de sus granos. Debajo de ellos, un sembradío de maíz, la milpa, despliega ese verde inconfundible de una plantación sana, que prospera gracias al temporal y al trabajo esforzado del agricultor, quien hará sustentable su alimentación.

A media distancia, detrás del cultivo, los variados árboles conforman un joven bosque, probablemente una reforestación que ha tenido un éxito limitado. En él se miran surgir las palmeras de capulín; fruto que era mi delicia de niño, también unos ocotes y bastantes cedros y encinos que han perdido el ocre y ahora son como una carpeta esmeraldas en el monte. La flora en Guerrero es basta, se mezclan diferentes especies de plantas formando un abrigo consolador que evita la erosión del suelo lo que permite la formación de manantiales. A lo lejos siguen los árboles desteñidos por la luz apenas entrante que traspasa el nublado, dando un toque azulado a la montaña.

Sigo mi camino entre multitud de especies de hierbas pequeñas y bellas con flores de todos los colores semejando una pintura de Jackson Pollock

Querido terruño me faltan palabras para describir tu belleza; otros, con pocas pueden hacer un decreto para destruirte.

lunes, 3 de septiembre de 2018

El caminante alegre.





Soy una persona a la que le causa placer moverse a pie por los caminos. Más cuando la caminata es larga y por senderos campiranos.
Pero quisiera hablar sobre esto de caminar con ustedes. Resulta que a manera que las personas se vuelven más “sedentarias”, lo pongo entre comillas porque aquellos sedentarios de ciudad realmente también se mueven bastante.  Que por aquellos de usar auto se podría argumentar que no, pero entre estacionar el carro y llegar a donde van siempre resultan largos los trechos de andadas. Más aún aquellos que viajan en transporte público que se mueven de las paradas a su destino y viceversa. Más sí laboran en edificios enormes donde se mueve uno en espacios grandes de un lado a otro. Les decía que utilizan algunos, lo del sedentarismo, con el vil propósito de vender algo, el caminar no es algo que se escape de su perverso fin de enjaretar multitud de basura a precios de primer mundo.
Así pues de caminar les platicaré algo que tal vez les permita mirar el asunto de una manera imparcial y beneficiosa, sin pensar en que ir a caminar le va resultar en un gasto más o un tiempo extra; que ya de por sí para algunos el tiempo es algo que ocupan en su totalidad para obtener la papa.
Pues bien. Camine sí le gusta; sino le gusta mejor no o siga leyendo para mirar algunos consejos que probablemente le abran el antojo. Definitivamente sí caminar le causa molestia, no lo haga, sería contraproducente, hágalo si usted cree que podría encontrar placer al hacerlo. Ahora bien si aún insiste en que quiere caminar sígame en la lectura que iré dando algunas recomendaciones para hacerlo placentero.
Existen dos manera básicas de caminar: pasivamente o activamente. No es ninguna clasificación científica, simplemente yo divido el andar así porque así lo hago yo.
Caminando pasivamente:
Cuando uno sale a caminar sin escoger algún lugar determinado o ruta,  simplemente se enfila por una trazo y camina hasta que decide que fue suficiente y se regresa, el regreso incluso se puede hacer de modo distinto; sí ya llegó el cansancio. En esta forma de caminar, sus sentidos básicamente se distraen únicamente por cuestiones de seguridad al pasar obstáculos, mientra no sea necesario la atención para eso, la mente vaga en el yo interno como cuando uno sueña, los problemas y otros recuerdos van surgiendo mientras el cerebro hace su labor de zapa para ir organizando nuestros pensamientos. Esta actividad ayuda bastante a relajarse y encontrar soluciones a problemas existenciales.
Caminar activamente:
En este caso es preferible escoger un lugar nuevo o alguno conocido que tenga influencia de la naturaleza. La naturaleza es un artista que con los elementos de la tierra va construyendo su entorno sublime. Así pues que caminar por estos lugares le permite a uno ir mirando todo aquello que la naturaleza nos da, uno nunca termina de ver todo, así que una ruta se puede andar muchas veces. Haciéndolo  activo siempre uno encontrará algo que asombre y que llene de alegría su espíritu. Caminar activamente es mirar con ojo crítico toda el medio en que lo hace, desde un paisaje hasta un insecto o una piedra en el arroyo; incluso un envase de algo que alguien arrojó por ahí, al mirarlo pueda llevar a la imaginación toda la historia del mismo o crear otra. Esta forma de caminar es aquella que da inspiración al poeta, al escritor; bueno a los artistas y científicos. Si uno se acompaña de una cámara, por sí resulta aficionado a la fotografía, todo es modelo fotográfico. Pues bien, así es esta manera de andar.
El equipo:
Se preguntará ¿que vestimenta y equipo es necesario? desde luego que su ropa vieja de preferencia, no se va a conquistar divas ni galanes, escoja  aquella a la que ya no le tenga amor y no le importe dañar. Por otra parte, si su caminata es por la parte habitada puede usar la que acostumbra diariamente.
Para salir a la periferia o más allá, sí su recorrido será por los caminos pavimentados unos tenis lo harán bien, pero si sale a la parte de los senderos entonces de preferencia unas botas.  
Una vez, hace mucho tiempo la industria del tenis proliferó, hacer el mejor tenis entonces era propósito de las empresas. En una entrevista que le hicieron a un funcionario a cargo de la innovación del calzado de  Reebook, sobre la pregunta de cuál sería el mejor zapato para hacer actividades físicas, contestó que lo mejor sería descalzo, el pie está adaptado para eso, pero su poco uso descalzo obliga a usar zapato, así que no existe zapato tenis que mejore la capacidad del pie sólo lo protege. después de eso las empresas competían en mejorar la apariencia y la moda; la publicidad hizo lo demás para que alguién seleccionara su calzado.
Así pues que en un camino abrupto con obstáculos que pueden lesionar el pie, preferible botas; son las que más protegen además existen unas bastante cómodas. Lo mejor, después de todo, es usar el calzado que le haga sentir cómodo en la caminata.

La ropa se escoge dependiendo de diferentes factores personales, si usted es sensible a los rayos solares debe utilizar una que lo cubra para evitarlos, si no lo es preferible algo holgado y fresco para amortiguar el calor. Como para cualquier otra actividad. Cuando llueve no darle mucha importancia a mojarse, si lleva mochila o bolsa meta su ropa seca en una bolsa impermeable y guardela en la mochila, camine con playera;  o sin ella si no es pudoroso. Cuando la lluvia pase póngase la ropa seca y todo bonito. Yo soy del trópico así que el frío no llega a ser peligroso, pero sí es temporada fría bien puede iniciar con algo abrigado y en el camino guardarlo en la mochila o bolsa. La ropa oscura es preferible porque no atrae a los insectos voladores.

Si decide salir a caminar al campo le conviene llevar su lunch, a medio camino hacer una parada en el mejor lugar que le parezca y comerlo, es una experiencia exquisita, como que a la comida la caminada le pone sazón. Siempre es recomendable hidratarse bien antes de iniciar y llevar hidrolitos por sí el calor resulta superior al esperado.  Yo también llevo mezcal pero eso no lo recomiendo a otros porque me podrían calificar de sonsacador o pervertidor, sobretodo si esto lo leen jóvenes. Es buen energético pero igual lo haría un chocolate de verdad.
Una buena caminata dominguera, incluyendo el almuerzo, sería aproximadamente de cinco horas, pero igual sí se hace de menor distancia el tiempo se reduce. O se alarga si son varios los acompañantes y en la parada para el lunch las cosas se ponen divertidas. Pero que mejor que pasar una mañana de domingo divertida después de algunos día estresantes. Caminar acompañado también puede ser una gran experiencia, se puede platicar un largo rato sobre el tema que les convenga a los dos, el camino es gran motivador de charlas y liberador de inhibiciones.







viernes, 15 de julio de 2016

El Paraiso.


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Todas las fotos de Edgar P. Miller.


Se volvió a cambiar el rumbo que andan los Caminantes del Maguey. Don Goyo nos invitó a una meseta escondida en lo alto de la Sierra Madre del Sur, donde descubrimos que se puede viajar al pasado caminando.
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El Edén ya lo habíamos en una gran ocasión visitado, pero quisimos ir al Paraíso para estar seguros de lo que nos perdimos por culpa de Eva, aunque pueden ser sinónimas las palabras los lugares son diferentes, probablemente en el tiempo y el espacio se sobreponen. Y sí que me sentí por un día en el Paraíso, rodeado de hermosa vegetación verde, con una vista hacia las montañas en un día nublado fue un espectáculo soñado. Solamente faltó mirar a Eva correr tras Adán para comerse la manzana.
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La neblina escurría entre los montes y cañadas, los pájaros cantaban, incluso una pequeña víbora acostumbrada a la soledad del lugar se cruzó sin inmutarse por nuestras huellas tal vez huyendo de la maldad que hizo a la pareja germen según la mitología bíblica. También hubo algunas ranas y su alimento favoritos los insectos.
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Desde niño que no regresaba a este tipo de vida de trabajo y comunión con la naturaleza, la vida campirana. Ver al hombre en la faena de la tierra que da nuestros alimentos y disfrutar ese espacio alejado de cualquier ruido y símbolo citadino,  todos los invitados querían participar en el deshierbe de la milpa al mirar a los nobles bueyes uncidos en la escarda jalando el arado. Pero los caminantes están más acostumbrados a las oficinas y las tiendas de ciudad por lo que prefirieron hacerse a un lado y no fastidiar el trabajo de los expertos.
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Tuvimos un día fresco y ligeramente húmedo. La neblina en las montañas era el manto que daba un toque misterioso al día, el camino de subida a los dosmil metros en buenas condiciones con muy poco lodo que molestara al andar. Variedad de plantas floreciendo. Viejos árboles retorcidos por ardua supervivencia del agreste lugar. Quién podría haber imaginado que del otro lado del Xocomulco montaña que da cara a Chilpancingo, ese que se mira lampiño ahí, fuera una pequeña selva.
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Las viandas siempre presentes y desde luego también el magnífico Mezcal de Guerrero, nuestro compañero Manuel algo afrancesado en sus modales llevó vino tinto al que desde luego no le hicimos feo y lo utilizamos para acompañar el almuerza, llegaron la tortillas de mano mientras la fogata ya calentaba el agua para el café. El tiempo y la tecnología va cambiando las buenas costumbre como la serpiente del paraíso con sus fascinante facilidad de hacer las cosas pero no mejorando la calidad y como nosotros no lo previmos tuvimos que tomar instantáneo en vaso del terrible unicel.

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