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martes, 3 de junio de 2025

Crónica de un escrutador cansado (pero no vencido)

 

 


Tengo 75 años y, por razones que no alcanzo a entender del todo —quizá una mezcla de terquedad y masoquismo cívico—, acepté ser funcionario de casilla otra vez. En tres ocasiones anteriores ya había desfilado como secretario, presidente y escrutador. Esta vez fui "escrutador segundo", que suena a personaje menor de tragedia griega.

En las dos primeras me sacaron por insaculación (palabra que siempre me ha sonado a albur), y en las otras porque los que sí fueron insaculados —por la misma Constitución que dice que estas funciones son obligatorias y gratuitas (Art. 5 de la CPEUM, por si quieren ir a discutirlo con el Quijote)—, simplemente no quisieron. Así que yo, ciudadano ejemplar o tonto útil, me ofrecí voluntario.

En todas esas elecciones he notado algo constante: a la mayoría le cuesta trabajo entender cómo votar. No porque sean tontos —aunque alguno que otro sí lo es— sino porque no quieren. Votan porque los obligan o porque alguien les pasa un billete. Esta última elección no fue diferente. La única novedad fue que los que usualmente pagan para que la gente vote, esta vez pagaron para lo contrario.

El pensamiento humano es complicado. Hay quienes no votaron convencidos de que no hacerlo era lo correcto. Es decir, resistirse pasivamente como Gandhi pero sin el carisma ni el dhoti. ¿Qué pensarán aquellos que murieron por conseguir el derecho al voto? Sobre todo las mujeres, que lo lograron hace apenas unas décadas. Pobres.

El día empezó a las siete de la mañana y terminó a las ocho de la noche. En la sección 1254, que antes era tres y ahora es una (porque todo en este país se simplifica para que funcione peor), hubo una afluencia constante, aunque la votación nacional fue baja. Gente de todas las clases sociales vino a sufragar. A mi edad, y siendo oriundo del lugar, conozco a la mayoría. Algunos incluso me saludan todavía.

Lo más curioso de todo fue esto: aunque sabían que sería difícil, la mayoría vino a votar con una resignación casi zen. Muchos sabían que el Poder Judicial no otorga justicia, pero votaron. Otros, que no votaron, se quejan del mismo Poder Judicial con el mismo entusiasmo con que insultan al América. Esa fue mi labor: orientar al votante. Lo hice con gusto, y más gusto me dio cuando alguien respondía: “Así de fácil, ¿pues sí?”

Ahora, sobre la elección del Poder Judicial tengo algunas observaciones:

1.      Algunos no fueron a votar porque no conocían a los candidatos. ¿Y a los actuales sí? Tal vez conocen al que les retrasó el divorcio, al que dictaminó contra la justicia, al que les ha tenido el testamento empolvándose una década. O al que les pidió una mordida para iniciar el juicio. Conocer, lo que se dice conocer, sí los conocen.

2.      Otros dijeron que era muy complicado votar. Yo, que estuve ahí, noté que lo más complicado fue meter las boletas en la urna. Hubo quien las dobló al revés y quien intentó meterlas en la caja de cartón del desayuno.

3.      También se corrió el rumor de que votar tomaría media hora. ¡Media hora! Como si fuéramos a recibir una consulta médica personalizada. Yo voté en menos de cinco minutos. Pero claro, era domingo, y el mexicano promedio prefiere desayunar barbacoa que esperar media hora por un deber cívico.

4.      Finalmente, hay quienes no votaron por razones que sólo ellos conocen. Pero me atrevo a sospechar que muchos opositores se abstuvieron solo para fastidiar al presidente. La venganza más ridícula: no votar para dañar al que propuso la votación.

5.  Dicen que hubo trampa, porque algunos llevaban acordeón, seguro son esos que van de compras y se les olvida que compraría.

El INE organizó todo. Ya se ha discutido mucho si sirve o no. Nació como IFE por exigencia democrática, luego falló dos veces y le cambiaron el nombre a INE, como si eso arreglara algo. Ahora vuelve a fallar, pero con siglas nuevas. Dicen que es el corazón de la democracia. Yo diría que es más bien el páncreas: todos lo tienen, pero nadie sabe bien para qué sirve.

Esa mañana llegó casi todo lo necesario. Salvo los suplentes, el tercer escrutador —que nadie sabía que debía existir— y el sentido común. Yo tenía el instructivo y no lo mencionaba. La instructora nos dijo que lo agregaron después. El primero en la fila fue sacrificado. 

Yo, como Siddhartha de Hesse, estoy acostumbrado al ayuno, así que me bastó con mi café con cacao. Mis compañeros, en cambio, querían un almuerzo estilo Chilpancingo: uno de esos que los lleva a la diabetes y posteriormente a la muerte.

Después llegó una torta para cada uno, y agua sin sodio —que no calma la sed, pero sí la esperanza. Luego aparecieron los "lonches", con refrescos de cola y naranja y comida envuelta en unicel, como ofrenda del capitalismo tardío. Comieron tres, sobraron tres. Yo no comí. Si el envoltorio es de unicel, lo de adentro no puede ser digno.

A veces me pregunto quién cree el INE que somos los funcionarios de casilla. Hay quienes todavía creemos en el bien común, en las instituciones, en que un país puede mejorar. Pero luego nos topamos con que hasta ellas se alían con lo peor del mundo. Y uno ahí, con su termo y su fe, esperando no morir de decepción... ni de colesterol.

Texto original de Edgar P. Miller

Adaptación al estilo de  Jorge Ibargüengoitia por https://chatgpt.com

sábado, 19 de mayo de 2018

Con el camino por delante.


Foto: #edgarpmiller

¿Teoría conspirativa o realidad.?
Cuando compitió Felipe vs Manuel para la presidencia de la república, entonces hubo un comportamiento inusitado en las votaciones, que se sospechó fue ocasionado por un algoritmo en la computadora. Algo fuera de lo normal de que podría suceder en un evento aleatorio. Los afectados salieron a la calle en protesta y los no tan afectados, solo algunos; o sea pocos, esperaban la determinación del resultado por el Tribunal.
aiga sido como aiga  sido fue el resultado histórico de la elección.
Veamos.
  • El que un contendiente tenga muchos seguidores activos no es fuerza contundente para vencer unas elecciones que son manejadas por una institución, sobretodo si esos muchos son gente común.
  • Sí los seguidores del candidato acuden a las urnas y son mayoría tampoco es determinante, ya que el resultado final lo da un Terminator; o sea, un dispositivo cibernético, un sistema electrónico programado para hacer lo que debe ¿qué?.
  • Queda como opción el Tribunal electoral, que después de un largo debate entre los magistrados deciden: que queda todo como el robot dijo, ya que la trampa fue poquita. Desde luego esa trampa fue suficiente para con ella quitar al que ganó y poner al tramposo.
Ahora miremos como se presentan las elecciones que se aproximan:
  • No cabe duda que quien encabeza las encuestas es el favorito, incluso en esas ciudades garito como las Vegas es el procedimiento. Estos señores no regalan su dinero saben como y cuando apostar. Pero en las apuestas también existen mañas.
  • El resultado debe salir de las urnas, dicen los que ni pintan, aún el que despinta lo dice. Ya se sospechan varias argucias para confundir al votante para que lo haga mal, de manera que su voto se anule. Se comenta que la campaña de terror (bueno existe terror en todo el país; con o sin campaña) es para disminuir votantes y asegurar el voto duro de los que van abajo, porque también se sospecha que son uno mismo.
  • Los que están en el fondo de las encuestas no se preocupan de la trampa, además aseguran que las elecciones son limpias. Igual lo pueden decir porque ya no tienen nada que perder, en teoría ya perdieron.
  • Pero esta parte  es la más interesante: Slim se mostró, dando una conferencia, contrario al líder en las encuestas, dijo el porque le afectaba lo del aeropuerto a todos. Se supo que tenía las manos en la construcción del mismo.  Ahora resultó que una de sus empresas está a cargo de evitar que intrusos entren al sistema de cómputo del INE y puedan alterarlo. Inmediatamente salieron los del INE para aclarar que ellos nada tienen que ver con el PREP, he aquí el hombre de paja, que importa el PREP sí ellos para hacer lo que se acepta que harán necesitan todos los accesos al sistema, incluyendo el PREP, ¿quien los vigilará para que no alteren los resultados?. En esto de meterse a las computadoras yo soy experto.

Si gana el que está como líder en las encuestas, sin ser quien me convenza; advierto, pero estamos en una democracia, entonces por eso aceptaré que en las dos elecciones pasadas no hubo trampa; si pierde sólo se confirmará que es el modo y se mandará el mensaje de  que para que en México exista un cambio tiene que suceder lo que sucedió en Cuba cuando se hacían trampas en las elecciones. Ya que así, de esa manera tramposa, sólo se está con la continuidad del ese sistema que nos tiene a los mexicanos al punto de la esclavitud o del exterminio.