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jueves, 27 de agosto de 2015

Ciudad arbolada (a comer)


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Los comales.
 Foto de Edgar P. Miller.
Si de algo pueden ufanarse los mexicanos sería de la variedad de comidas que existen en el país; la Ciudad de México es uno de los lugares donde más diversidad existe, pero ésta ciudad es cosmopolita por lo que ahí se puede conseguir comida de todos los lugares del mundo y del resto del país.
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Casino español.
Foto de Edgar P. Miller.


Así que para no complicarnos demasiado; y como uno de los miembros de la comitiva deseaba conocer el lugar Azul Histórico, enclavado en uno de los tantos palacios del centro de la ciudad de México, optamos por la oaxaqueña del Chef Ricardo Muñoz Zurita que también prepara manjares de otros lugares de la República Mexicana.
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Huevo marmoleado boca de escalera.
 Foto de Edgar P. Miller. 
Mientras nos conseguían lugar los atentos empleados, ya que al parecer es un lugar concurrido que está incrustado en una urbe de decenas de millones de humanos, fuimos a dar un vuelo de águila por los salones del lugar en donde se expenden artesanías del país; que bien podrían llamarse obras de arte por el talento que tienen encima.
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Cerámica negra de Oaxaca.
Foto de Edgar P. Miller.


La construcción que alberga al restaurante es una reminiscencia de la colonia, una etapa en el tiempo de México que fue yugo terrible para los habitantes originarios, pero que dejó su huella con estas construcciones hermosas desde luego a costillas de la explotación de muchos individuos y producto de la ambición de otros.
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Foto de Edgar P. Miller.

Desde el bar en la azotea tomé unas fotos de algunos de los palacios vecinos del lugar que hablamos, establecido en la calle Isabela Católica, casualmente la calle tiene el nombre de la patrocinadora de Colón, quien fue el que trajo la desgracia a los aborígenes de América.

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Casa Boker.
Foto de Edgar P. Miller.
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Frontón.
 Foto de Edgar P. Miller.




Regresamos a la mesa y nos acomodamos los comensales, llegó la carta y después las viandas; toda una delicia bajó la sombra de los árboles.






Comiendo bajo los árboles.

Foto de Edgar P. Miller.










Torre.

Foto de Edgar P. Miller.

Inicié a saciar el hambre con una exquisita crema de flor de calabaza, me seguí con el plato estrella: buñuelos rellenos de carne de pato bañados con mole negro, adornado con zarzamoras y rodajas de calabaza tierna. Como ya había tomado vino en el bar sólo terminé con un buen café.
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Crema de flor de calabaza.
Foto de Edgar P. Miller.
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Buñuelos rellenos de pato bañados en mole negro.
Foto de Edgar P. Miller.


La comida es exquisita, en cuanto a la cantidad, va de acuerdo a mi gusto. Probablemente sea poca para lo acostumbrado por los habitantes de mi pueblo.
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Chiles esperando la nogada.
Foto de Edgar P. Miller.

Otros pidieron Chiles en nogada y enchiladas de mole negro. Que por los comentarios que hicieron sabemos también que fueron ricos platillos.

No me pregunten cuánto costó, porque no sé, fui invitado.
continuará.

martes, 25 de agosto de 2015

Ciudad arbolada.

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Azotea (foto de Edgar P. Miller.)
Mientras las comunidades del campo mexicano luchan para parecer metrópolis de hormigón, la gran ciudad de México trata de regresar al aspecto campirano.
Me tomé dos días de vacaciones y caí en esta metrópoli, lazos familiares me llevaron para allá.
En esa ciudad fue donde hice mis estudios profesionales y donde tuve mi primer empleo. Salí corriendo de ahí cuando iba a nacer mi primer hijo porque el lugar lo miraba inhabitable para una familia, así que me mudé a la ciudad pequeña donde nací y fue donde crecieron mis hijos y donde radico actualmente.
Chilpancingo no es ni la sombra de lo que fue cuando me fui a estudiar, gobiernos llegan y se van y en lugar de mejorarlo lo empeoran, con la complacencia de las mayorías, al menos eso dicen ellos.
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Primer piso (foto de Edgar P. Miller)
A diferencia, la gran ciudad ha tenido gobiernos que la han mejorar, primero con la intención de que no colapsara y después para hacerla más habitable, atractiva para el turismo; asombrósamente, en parte, lo han logrado.
Cuando yo salí de ella había un programa que se popularizó con el eslogan: adopta un árbol, que fue un éxito, porque los lugareños lo tomaron en serio y se plantó camellones y glorietas, baldíos; y cualquier espacio polvoso con árboles, convirtiendo a esa ciudad de tolvaneras en un bosque increíble, aún recuerdo cómo los habitantes iban con amor a regar su arbolito adoptado.
Me invitaron a comer el día que llegué; y qué mejor manera de comer que bajo la sombra de unos árboles, así es en el centro de la ciudad en un restaurante de primera, Azul Histórico, bajo la sombra de los ficus. Las fotos muestran desde arriba y ya bajo los árboles el restaurante, no sólo se arbolan los espacios exteriores sino que alguno habitantes lo hacen en los interiores.
Da vergüenza ver lo que hacen a los árboles en Chilpancingo.
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Planta Baja. (foto de Edgar P. Miller)
Continuará.

martes, 30 de julio de 2013

Mirada de pájaro al DF.

Este fin de semana cambié mi rutina semanal para realizar la visita ya pospuesta por muchos años, así es que haciendo fuerza de voluntad y meditando al extremo, me aventé el viaje, no tan deseado pero que era conveniente efectuar.
Llenando una mochila con la ropa necesaria par dos días. Salí de la casa, acompañado de mi pareja de siempre, el sábado a las siete treinta en taxi a la terminal de autobuses de Chilpancingo con destino a la capital del país.
Aunque parezca mentira aquí en México el servicio de autobuses es bastante eficiente y  aceptable, se puede incluso recomendar a quienes por razones de paseó llegan a México y buscan en que desplazarse por el territorio.
Pues bien, sin nada que contar abordamos y partimos desde la ciudad de Chilpancingo, cruzamos el temible estado de Guerrero y el también terrorífico estado de Morelos en autobús, transbordando llegamos a la terminal Chilpancingo del metro  en  la gran ciudad, tenía al menos cuatro años que no iba a ese lugar, pues ya estoy de nuevo en él, aquí pasé once años de mi vida, fue donde efectúe mis estudios profesionales y también aquí hice mis primeros trabajos como ingeniero.
Del día en que yo me vine a estudiar a México al día de hoy la ciudad ha sufrido considerables cambios.
En 1969 fue cuando me trasladé a México para estudiar. llegué a vivir a una unidad habitacional que entonces se consideraba ejemplo en el mundo del urbanismo: Tlatelolco, Nonoalco, o unidad López Mateos, de las tres maneras se le conoce, pero Tlatelolco es más utilizado, en este lugar sucedió aquella represión famosa de año 1968. Esta unidad se vendió a través de lo que se llaman bonos de participación inmobiliaria, o sea que pagabas los bonos y tus utilidades era el poder vivir en un departamento, según los bonos que comprabas era la calidad y tamaño de departamento, después se fue cambiando el régimen de propiedad y hasta la fecha es un verdadero caos toda la unidad ya que no está regularizada en su totalidad y existe un abandono en cuanto al mantenimiento, cosa que en un principio no sucedía, jardines y edificios bien cuidados, tres unidades deportivas con gimnasio y alberca, además de auditorios, un cine, estacionamientos suficientes, un cuerpo de policías auxiliares eficiente, un sistema de recolección de basura con su centro de acopio, gas entubado, agua potable suficiente, drenaje dividido en aguas negras y grises; las últimas utilizadas en el riego de los jardines, así era esa unidad. Ahora sufre el abandono que sufren todas las ciudades de la provincia mexicana, fui a visitar el domingo la unidad y no puedo hablar nada bien de ella ya que así la vi, abandonada a pesar de que vive gente en ella.
Cambiando la conversación, recuerdo en los años 80 cuando partí rumbo a Chilpancingo, existía una campaña que en en sus mensajes tenía la siguiente frase, adopta un árbol, la que significaba que no sólo se trataba de sembrar; o sea, reforestar, sino que vivir con él y para él. De las pocas cosas que un gobierno hace y que al parecer resultan, ahora la ciudad de México es una ciudad bastante arbolada. Recuerdo, camellones antes desérticos que ahora son verdaderos vergeles. Aquellos álamos que se sembraron, los recuerdo como palos de escobas con pocas posibilidades de supervivencia, ahora son majestuosos árboles que orgullosamente dan sombra y purifican el aire de la ciudad, incluyendo los sembrados en los prados de las afueras de Tlatelolco, aquellos que los adoptaron cuando recién los sembraron; recuerdo aún, incluso que los iban a regar quienes los adoptaron, además que pendientes de ellos no permitieron que fueran destruidos por el vandalismo de gobernantes incultos, ahora esos ciudadanos deben sentirse orgullosos de verlos tan crecidos y bellos.
Prado actual visto desde Manuel Gonzalez.


En 1980 visto desde un edificio.

México tiene sus milenarios pirules, ahuehuetes, sabinos y sus no tan antiguos álamos, fresnos, ficus, nísperos, eucaliptos; aparte de las palmeras de la avenida xola y  otras que lucen inmensas y bellas. Estuvimos el sábado en coyoacan y es un verdadero privilegio caminar en esos callejones empedrados, que han sobrevivido a la cultura del automóvil, caramba qué lugar tan sencillo y bello que lo hace a uno viajar al pasado glorioso de México.
La ciudad de México ha sufrido conquistas, dictaduras, monarquías, revoluciones, invasiones; pero sus pobladores, algunos descendientes de los fundadores y otros de diferentes partes del mundo que decidieron residir en ella, tienen una férrea identificación con la misma, de ahí que sean ellos quienes cuidan y dan identidad a esta majestuosa metrópoli que transpira cultura.
Con multitud de problemas debido a la sobrepoblación pero que aún así en ella se vive ahora  mejor que en otras de la república con poblaciones menores.
Pues llegamos.  Conociendo la capacidad del transporte público, hicimos uso de él sin arrepentimiento y llegamos a nuestro destino. A partir de ese momento estuvimos a disposición de quien nos invitó a la ciudad.
La ciudad de México; además de muy poblada, es extensa, así es que para ir de una colonia a otra se requieren horas en el trayecto. Tiene dos sistemas principales de transporte colectivo el Metro y el Metrobús, además de que existen taxis. Al menos los días que estuvimos los taxis se paran como en las películas; con sólo levantar la mano.
El tamaño de la ciudad también es un limitante para que los visitantes realicen muchas actividades, así es que fuimos a visitar un museo que se encuentra en la Ciudad Universitaria, Patrimonio Universal, y siempre hermosa e impactante, construida entre los restos de lava de uno de tantos volcanes de México, Volcán Xitle. Con una vegetación propia del lugar que contrasta con la roca negra volcánica.
En el museo se presentó una exposición de la evolución de arte moderno relacionada con el grupo de arte chicano ASCO, unos artistas, que con los recursos limitados hacían arte llamada no-movie, con secuencias parecidas a una tira de impresión de cine mostraban su mensaje. Sí recuerdan las fotonovelas, pues algo así, utilizando como escenario los exteriores de la ciudad de Los Angeles. Hubo otros artistas exponiendo pero me extendería mucho diciéndoles más, así que ahí les dejo.
También fuimos a visitar cafeterías y restaurantes, en la vieja y hermosa colonia Roma, de esos que no son de franquicia, algunos que se publicitan como orgánicos que envasan sus productos. También fuimos a una pastelería en Coyoacán que tiene una pequeña cafetería donde se sirven unos exquisitos pasteles.  
Me enteré que en la ciudad de México, el Mezcal está de moda y que incluso sirven algunos que cuestan pequeñas fortunas. En un restaurante en el que comimos preparan exquisitos cócteles con esta bebida conocida, también elaborada en Guerrero.
Así pues regresamos al pueblo después de dos ajetreados y divertidos días, para continuar siendo protagonistas de este estado que cada día se descuida más en su seguridad, donde los gobernantes apoyan a grupos que sólo vienen a esquilmar a la población, olvidándose de que Guerrero tiene un inmenso potencial artesanal, que se ha ido perdiendo por culpa del descuido y la necia imposición, por gobernantes incultos, de modos distintos a los propios. Se olvidan que los habitantes de este histórico lugar también quieren hacer su vida y lo que piden es tan fácil como dejar hacerlo en un entorno seguro, propio y amable.

martes, 10 de julio de 2012

De un solo uso.




Hace ya algún tiempo leí unos cuentos de Kafka, entre los que se encontraba “El Artista del Hambre”; me vino a la memoria porque ahora como nunca ese relato presenta una parodia de lo que sucede con muchos oficios y profesiones. El cuento, corto por cierto, habla de un individuo cuyo oficio era el de ayunar, que en un principio tenía la gran audiencia para verlo ayunar durante cuarenta días, pasado el tiempo cosas más atractivas le robaron la atención, al modo tal que todos se olvidaron del ayunador incluyendo su equipo de soporte; artista, que por ser tan profesional murió de hambre entre los materiales que cubrían su escenario.
Pero es preferible que lo lean para que aprecien el increíble realismo de la narrativa del autor.
Por otra parte continuaré con lo que quiero escribir, que fue por lo que traje el asunto anterior como introducción.
Cuando era niño a veces me llevaba mi abuela paterna de vacaciones a la capital de la Republica Mexicana, o se la ciudad de México; ya entonces un monstruo de ciudad. Intentando ser moderna con vehículos públicos y privados circulando por sus arterias. Para mí, que en Chilpancingo solamente tenían auto los médicos y algunas dependencias de gobierno, me parecía impresionante ver pasar uno tras otro en hilo continuo vehículos por las arterias de la gran ciudad.
En esa enorme metrópoli donde también en las banquetas las personas se trasladaban a todos y desde todos los rumbos, como si fueran hormigas alborotadas en la entrada del hormiguero, eran los años cincuenta ya había aparecido la fibra sintética llamada nailon, que tuvo un éxito inaudito entre las mujeres debido al generalizado uso de las medias transparente que hacían ver lisitas y sexis las piernas de cualquiera dama. Entonces estas prendas de vestir no eran lo económicas que resultan ahora; sin embargo, gracias al uso tan popular, ayudó a que se formara un oficio nuevo que permitía aquellas damas que no contaban con la riqueza necesaria, cuando el débil tejido de la media sufría un colapso, tener que comprar nuevas. Probablemente el oficio ya existía para reparar las antiguas medias de seda, pero realmente no lo sé.
Estos señores, los del oficio nuevo, se dedicaban a repararlas, dejándolas como nuevas. Recuerdo que en todas las calles del centro, a la entrada de una vecindad o corredor comercial, ver trabajar a la orilla de la banqueta a uno de estos artesanos remendando medias, recuerdo lo interesante que era verlos poner la media en algo que parecía un vaso y con un dispositivo similar a un pequeño desarmador empezar a remendar la media. La mano se movía como una maquina de coser, subiendo y bajando velozmente el instrumento  descrito con anterioridad. 
Ahora, estos oficiales, desaparecieron sin siquiera ser recordados por aquellas damas catrinas que una vez acudieron a pedir sus servicios, ¿que fue de ellos? De que se mantienen ahora, en estos días que se prefiere comprar unas medias nuevas a precios relativamente bajos, que remendar la dañada. Probablemente como sucede siempre esos oficiales aprendieron otro oficio, probablemente otros buscaron un empleo o pasaron a la gran fila de individuos paupérrimos sin empleo que día a día aumenta porque saben hacer lo que nadie necesita que se haga debido a la globalización.