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lunes, 20 de junio de 2016

Asunto espinoso.

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Foto de Edgar P. Miller

Existen en la red videos y memes vinculados con la relación entre hijos y padres ancianos. Aunque en la mayoría de los casos entiendo el mensaje y la intención de los mismos, considero que quienes los hacen poco saben de esas relaciones y de ahí que lo muestren todo fácil para los hijos, tratándolos como seres sin sentimientos, injustos y fríos.
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foto del archivo de Lenita y Juanito


La primera objeción que he visto es que siempre muestran a un padre anciano con un hijo de mediana edad o sea entre los treinta y cuarenta años, cosa que pocas veces sucede aunque existen casos pero se que no son los más. Mi caso por ejemplo yo soy el segundo de todos los hijos y tengo 66 años y mi madre tiene 94, mi padre tendría más si viviera; como pueden notar los dos somos adultos mayores y con la necesidad de cuidados de esa edad.Otra observación es aquella cuando comparan el trato del padre joven con el hijo niño y lo llevan a la relación contraria en la vejez. Pues bien un niño no rebasa los veinte quilos mientras un adulto está por encima de los cincuenta así que no es fácil cargarlo para darle un baño o ayudarle hacer sus necesidades, la otra es que él se considera adulto y no acepta órdenes de un hijo lo que en la mayoría de las veces termina en pleito al quererlo ayudar. Ya no decir cuando te sale el viejo con ese dicho de que “más sabe el diablo por viejo que por diablo”. La otra observación es que los cuidados básicos que los padres tienen con los hijos a lo más son de dieciocho años cosa que con los viejos puede ser rebasado y con cuidados de niño todo ese tiempo, sobretodo si ya no están en plenitud de facultades caminan, oyen y ven poco o nada.Los niños a manera que crecen aprenden y hacen por su cuenta algunas cosas, situación que no podrán los viejos; al contrario, a manera que pasa el tiempo van siendo más dependientes y por mucho más tiempo.El problema con los males es mucho más crítico con los adultos que lo que pueden ser con los niños, los adultos mayores tienen males que no sanan y que con el tiempo empeoran además que la fatalidad siempre está presente en la mente de ambos, mientras que en los niños dado a su crecimiento y rapidez del metabolismo sanan rápido en la mayoría de los problemas de salud. En cuanto a la preocupación probablemente sí sean los padres quienes sufran más por los hijos que al revés.
Así pues les pido que consideren cuando se le echan encima a un hijo que atiende a sus padres mayores, mucho hace por intentar atenderlos para tener que soportar tanta basura mediática.Mi padre en sus últimos momentos platicó mucho más tiempo conmigo que lo que hizo cuando yo era niño y recuerdo algo que aún me cala, que el dolor más grande que sentía era tener que molestarnos con sus males.Y lo comprendo porque yo pienso lo mismo. Mis hijos nada me deben yo moriré quedando en deuda con ellos por no dejarles un mejor mundo. Por último quiero advertirles, que aunque los hijos podrían tener cierta responsabilidad moral para los padres, dejarles toda la carga a ellos terminaría en una injusticia para ambos. O sea quedarían abandonados muchos padres e hijos en su vejez.

viernes, 28 de noviembre de 2014

¡¿Por qué?!

Fabio Ballario.png
Pintura de Fabio Ballario.

Teníamos muchas ganas de conocerte,
durante meses estuvimos emocionados
esperando tu llegada,
cada movimiento que hacías
en el vientre de tu madre,
nos causaba alegría.
Por fin naciste;
fue el día más feliz de nuestras vidas.
Tu llanto sonoro calló el silencio,
fue la diana que avivó el lugar.
Después todo fue calma;
mirar como succionabas la leche
del seno de tu madre
me ponía la piel chinita;
a la vez, nos daba tranquilidad a todos.
Los siguientes  días,
tu madre y yo, la pasamos junto a ti,
mirando como crecías,
pendientes de cada actividad que realizabas,
mirábamos como progresabas:
física y mentalmente.
Festejamos cada logró de tu pequeña existencia,
el día en que alzaste tu cabeza,
cuando tú solo te volteaste,
cuando lograste sentar sin ayuda,
el día que balbuceaste tu primera palabra,
cada vez que nos sonreías o le sonreías a otros.
Aún recuerdo cuando te paraste solo;
fue día de fiesta;
y mayor, cuando iniciaste a caminar por tu cuenta,
tus primeras frases nos emocionaban,
posteriormente,  era un halago oír tus conversaciones
contando  tus aventuras.
Pasó el tiempo...
cada día era uno de fiesta estando a tu lado,
tu primer día en el jardín de niños ,
tus pláticas sobre la escuela,
la vez que llegaste de ahí a la casa
no queriendo esperarnos
y decidiste partir solo.
Fue pasando el tiempo
y con el tiempo creciste,
hasta ser un joven inquieto
y deseoso de seguir los estudios.
Lograste entrar a una escuela
para continuar los estudios de maestro,
decías que un pueblo te estaba esperando;
y que tu deseabas ir ante él...


Ahora no sabemos donde estás
alguien te apartó de nuestro lado
alguien hizo a un lado
tus sueños y nuestros anhelos
también alguien ha permitido que antes eso le sucediera a otros,
a muchos otros...
nosotros no lo sabíamos
y ahora es una pesadilla saber
que miles sufrían como ahora  lo hacemos nosotros,
por lo mismo, es mayor nuestra angustia,
nuestra desesperación es intolerable...
y no sabemos de tí y tal parece que aquellos que
tienen la obligación de ayudarnos...
no lo hacen, nos duele saber estar solos, sin ayuda;
a merced del mal...
Sí, sí fingen que lo hacen, pero no es así;
al parecer, ellos saben más de lo que dicen,
se siente, llega ese sentir de que conocen al culpable
¡saben! y no intervienen
¡¿por qué?!


Edgar P. Miller.
noviembre del 2014