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miércoles, 24 de abril de 2013

José Gómez, Altamirano para cuentacuentos.


A mis lectores quiero presentarles al personaje en turno, es un gran amigo y sobretodo magnífico escritor; también gran jugador de ajedrez y de basquetbol. Que ahora de una manera docta y precisa, con esa prosa que caracteriza a José Gómez Sandoval nos presenta, pero sobretodo nos invita a leer a Altamirano de una forma que se antoja, a este escritor guerrerense vecino de Chilpancingo nacido en Tixtla, escritor del siglo diecinueve que por ser porfirista sigue escondida su obra, pocos lo leen y más pocos lo publican, quizás ahora que el porfiriato se mira mentirosamente como época de progreso intentan sacarlo a relucir más, por eso, más que por su valor literario, después de leer como José nos habla de Altamirano y de su obra nos damos cuenta que tiene suficiente y de calidad para pasar un gran rato disfrutando.
Pero Altamirano hoy no es tema; sino que José, caramba José, sin quitarle mérito a "Altamirano para cuentacuentos" este librito que dejaste en folleto, bien pudiste darnos más en él de tu prosa graciosa, lucida y docta. ¿Por qué eres tan tacaño y escribes tan poco teniendo tanto talento?
Pues yo solamente te invito a que de una vez por todas des ese gran paso escribiendo harto para nosotros quienes harto leemos. Y sobretodo que nos parece talentosa tu estilo de escribir y que cada vez que te leemos nos dejas con esa sensación que queda cuando la taibolera no se quita la la última prenda de ropa.
Pero dirían por ahí: los perfumes buenos llegan en frascos chiquitos. Sólo nos queda esperar otros años para leer quizás otro folletito sobre algún escritor, espero ansioso el momento, pero aguanto con optimismo que publiques algo sustancioso de lo que escribes. En esta época global ya los perfumes buenos también los venden en garrafón, danos ese placer.
Me dio mucho gusto, también, saber que CESGRO fuera quien patrocinara la publicación, por ahí anduve descomponiendo algunos jóvenes con mi enseñanza, lo bueno es que lo dejé rápido para aminorar el daño.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Perfecto.

 Conocer a la perfección el tema sobre el que se va a escribir. ¡Así de simple, lo dijo uno de  mis maestros!  Por lo que yo deduje que todo lo escrito era perfecto; o, al menos, lo que estaba escrito era verdad. Pero no, resulta que son menos los libros que fueron escritos por alguien que conocía a la perfección lo escrito; que los que no; y aun así, lo escribierón. Y para muestra aquí estoy yo diciendo que son más los escritos no verdaderos o perfectos que los perfectos, sin haber hecho una verdadera investigación, solamente basándome en lo que yo he leído. Pero considere  leyendo los artículos de un periódico x,  se dará cuenta, que aún no siendo yo un conocedor a la perfección, ya dije algo que empezó a ser interesante en mi escrito. Es muy probable que ya hayamos leído algo sobre el cerebro, ¿y qué pasa? que casi en todo lo que he leído, los que acriben sobre él en algún momento dicen que todavía no se conoce a la perfección el cerebro. Digo yo entonces: este desconocedor del cerebro cómo se atreve a escribir, si lo que sabe a la perfección, es que no se conoce a la perfección el cerebro.
Pero para seguir hablando o más bien escribiendo ¿qué es en sí lo perfecto?  O mejor aún ¿a que se refería mi maestro con perfección?
 ¿Será aquello que posee todas las cualidades sin tener ningún vicio?

No lo creo tal vez, yo pienso, que se refería a no escribir de lo que se desconoce como si se conociera. Y que cuando así se hiciere; o sea, desconociendo algo, se dijera que lo dicho era algo supuesto y no la verdad perfecta.
Algo así a de haber sido lo que quiso decir, o... al menos que fuera un enemigo de la libertad de expresión; queriendo, que sólo los hombres perfectos escribieran; o sea ninguno, ya que dudo que existan.  
Me dirán: -¿por qué no le preguntas al maestro?
Es que el maestro fue un libro.

viernes, 23 de abril de 2010

Sólo para las mayorías.


Ahora no quiero escribir del grupo minoritario aquel que ostenta el poder. Al contrario hablaré de la mayoría de la población. Como se simula, en esté México lindo y querido, que vivimos en una democracia, entonces, podemos decir que esta mayoría es la que gobierna.
Resulta que el gran conglomerado de la población es poco previsor ya que ni ahorra y se encuentra hasta el cuello con los créditos. Aquí los bancos y agiotistas, que aunque son dos; el primero también suele ser al mismo tiempo los dos, son quienes salen beneficiados y estos desde luego son una minoría privilegiada.
Nuestra gran mayoría tampoco lee, todo lo que se gastó del erario para enseñarles a leer y escribir se fue al caño. Tampoco escriben esto último lo podemos comprobar sencillamente cuando alguien va de compras y dice: chin, se me olvido como se llama aquello que necesitaba comprar. Como ven ni siquiera escriben para anotar un recordatorio, lo que hacen con el celular ni lo consideramos escribir ya que apenaría a sus maestros de gramática. Aquí lo de la lectura queda comprobado que si fuera popular serían las editoriales y no las televisoras las grandes comunicadoras, educadores y etc., etc. El correo electrónico parecía ser un indicio alfabetizante; pero que sucedió: que todos los de esta mayoría reciclan lo que alguien recicla y así hasta el infinito hasta la saturación del sistema. En lugar de utilizarlo como un recurso de comunicación escrita. Bueno así son las mayorías (tienen su merito al menos reciclan los correos basura).
¿Qué como son? Desgraciadamente o quizás agraciadamente, tontas. Las mayorías se comportan más como los animales que como seres racionales, además entre ellas, con ayuda de quienes quieren aprovecharse, se retroalimentan positivamente para seguir actuando negativamente en su contra pensando que lo hacen a favor. Bien, resulta que con esta pereza de leer de las mayorías la otra minoría privilegiada triunfa, o sea: las televisoras. Dándoles, facilito, lo que les dicen que quieren, sin que tengan que pensar si realmente es así.
La otra parte en que nuestras mayorías no tienen razón es que se la creyeron cuando les dijeron que trabajando triunfarían. Sin pensar como sería eso, se lanzaron a trabajar sin limites; dejando otras prioridades a un lado. Ahora comen fuera de casa, los hijos se mandan a guarderías, algunos ya ni se casan, su vida sexual como la de las aves de corral y además trabajando varios turnos no les alcanza para pagar los accesorios necesarios para hacerlo. Quienes ganan pues las guarderías, la empresas de comida chatarra y refresqueras. Aquí debo decir que muchos almuerzan sus donas Bimbo con Coca y comen tacos con Coca o cerveza, cenan nada porque ya es hora de irse de nuevo al trabajo. Pero el sábado y el domingo se llenan de fútbol con cervezas y botanas de bolsitas para aguantar otra jornada semanal de tres por cuarenta horas, esto, los suertudos, los que no, una y sin comer o comiendo apenas. ¿Pero a quien beneficia todo esto?, pues, me da pena decirlo pero a esas minorías privilegiadas.
Ahora viene lo mejor. La recapacitación, para sacar conclusiones ¿toda esta mayoría así lo quiere? A lo mejor si. Yo leo reclamos, burlas hasta consignas bien elaboradas en contra de las minorías en el poder. Pero casualmente quienes las emiten terminan siendo otra minoría no privilegiada ni en el poder; como no es mayoría seguiremos así hasta que las mayorías realmente decidan lo contrario. Demuéstrenme que no son idiotas, al menos mentándomela, si no tienen argumentos. Únanse para terminar con quienes los oprimen, manipulan y los moldean para hacerlos solamente sujetos de consumo y trabajo; sin razón ni decisión. No compren por comprar. El celular no es necesario, ni el auto ni para que decirles que dejen de tomar refrescos, es una porquería cara e inútil. Despierten.
Puedo decirles todo lo que quiera, no leen, estoy gritando en el centro del Sahara. Los que me leerán probablemente son más sensatos.
Hola.