Casi siempre que se entrevista a un personaje importante sobre los grandes problemas del mundo, llega un momento en que el entrevistador, después de hablar de guerras, pobreza, corrupción, calentamiento global y otras desgracias de tamaño considerable, hace la pregunta inevitable:
—¿Y cuál es la solución?
El personaje importante suele hacer una pausa. A veces mira hacia arriba, como si la respuesta estuviera escrita en el techo. Otras veces frunce el entrecejo, que es una manera bastante eficaz de parecer que uno está pensando. Finalmente dice:
—La educación.
Y todos quedan satisfechos.
La respuesta tiene la ventaja de que sirve para casi todo. Si hay delincuencia, educación. Si hay pobreza, educación. Si los políticos roban, educación. Si la gente tira basura en la calle, educación. Si alguien estaciona el automóvil frente a una entrada y además se enoja cuando le piden que lo quite, también educación.
Yo, sin embargo, me quedo meditabundo.
Porque si la educación depende del conocimiento, y el conocimiento es tan importante para resolver los problemas del mundo, no alcanzo a comprender por qué todo lo relacionado con aprender y ser educado cuesta dinero, y a veces cuesta bastante.
La escuela cuesta. Los libros cuestan. Las computadoras cuestan. Los cursos cuestan. Las universidades cuestan. Hasta aprender un idioma cuesta. Uno podría pensar que, siendo la educación la gran solución de la humanidad, debería ser tratada como una especie de vacuna universal: algo que conviene aplicar a todo el mundo y de preferencia gratis.
Pero no.
La educación es una de esas cosas que los gobiernos consideran indispensable, siempre y cuando no resulte demasiado cara. Y las familias la consideran indispensable, siempre y cuando puedan pagarla. De modo que la gran solución para los problemas del mundo termina siendo, con frecuencia, un problema más que hay que resolver.
Esto me hace sospechar que quizá la respuesta de aquellos personajes importantes no está completa.
Tal vez la pregunta correcta no sea solamente: “¿Cuál es la solución?”, sino también: “¿Y quién va a pagar por ella?”
Porque si para arreglar el mundo primero hay que educarlo, convendría empezar por averiguar cuánto cuesta.
¿por qué no hacemos todo lo necesario para que nadie se quede sin ella?

No hay comentarios:
Publicar un comentario