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lunes, 28 de diciembre de 2015

365 días de festejos.








«Hemiciclo Juarez »*


No entiendo por qué el Pendón hace sentir tan orgullosos a los de Chilpancingo, es tanto como el perico que se sienta orgulloso porque repite “perico perro”. Y conste que es una opinión personal, el Pendón no es otra cosa que la migaja que se le avienta al perro cuando está meneando la cola junto a la mesa donde su amo está comiendo. Luego que la huele se da cuenta que no es lo que quiere y se va. Así les dan su Pendón, a los de Chilpancingo, aquellos que ostentan los poderes políticos, religiosos y económico.


Después siguen con las mismas miserias.


Sí tanta falta les hace festejar podrían como Chilpancinguenses festejar El Congreso de Anáhuac, como Guerrerenses la Independencia de México aunque no lo somos pero hubo aquí en Guerrero gente que pensó que se podría y luchó por ello; (Guerrero, Galeana, Bravo, Valerio Trujano) son algunos recordados; como Mexicanos las leyes de reforma que fue aportación para que los estados del mundo separaran la iglesia del estado y se formaran repúblicas laicas. Festejos que no son precisamente necesarios como tampoco lo es el pendón, pero al menos representativos de algo digno.
Pero igual harán la mayorías lo que mi perro hace cuando le hablo, menearán la cola, pararán las orejas pero seguirán siendo perros haciendo cosas de perros, en el caso de los de Chilpancingo seguirán con festejos por cualquier cosa.
Pues ya casi. faltan horas para mirar al pueblo desbocar sus deseos lúdicos en este lamentable e innecesario acto.


* de ProtoplasmaKid - Trabajo propio. Disponible bajo la licencia CC BY-SA 4.0 vía Wikimedia Commons.


https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Hemiciclo_Juarez_1.jpg


#/media/File:Hemiciclo_Juarez_1.jpg

martes, 25 de septiembre de 2012

Caminata con sinfonía.




Me gusta la lluvia, porque su sonido es como una sinfonía, inicia con un adagio suave, continua en presto hasta el éxtasis de menuett y trío con los truenos; y después, decae con el allegro molto del murmullo de los arroyos que formó.
Después los aplausos y las hurras de quienes supieron disfrutar esta melodía gratuita y benefactora. Seguido, de luces que iluminan el paisaje mojado de colores brillantes que resaltan gracias a la humedad. El aroma fresco y limpio de la hierba y del suelo, que recuerdan aquellos tiempos en que no existía smog, acompañan el silencio del final de la sinfonía.
Camino sobre la avenida húmeda, algo obscura aún por el cielo nublado que no permite a la aurora mostrar su cara, algunas luminarias fundidas le dan ánimo a la penumbra, mis pasos suenan al andar, debido al impacto sobre el concreto de las botas que porto. La resonancia producida, gracias a la escasez de individuos en una de las arterias que fue la principal; hace no muchos años, se oye como inicio de una película de terror.
Ayuntamiento Chilpancingo.
 En la plaza, el médico Jorge, sentado, solitario en una banca húmeda a consecuencia de la sinfonía del temporal, espera a los caminantes, llego y junto a él esperamos a los demás. Al fin, después de algunos minutos Bolívar se vislumbra a lo lejos en los límites de la plaza Primer Congreso de Anáhuac, ya con algo de luz del amanecer, al comprender que no habrá más compañía, fue que partimos los tres. Suficientes para una caminata al lugar acostumbrado donde nos espera un almuerzo típico. Ahora, al parecer, no habrá música ni canciones, debido a la ausencia de Horacio, Tulio y Francisco; pero las charlas no se hacen esperar y como rosario continúan desde el centro de Chilpancingo hasta a el santuario acostumbrado donde hacemos el bodegón de viandas: un medio litro de mezcal de la chicotona y un cuarto de queso de Zumpango; con limones y sal hacen el justo entremés para el descanso temporal  mientras disfrutábamos el magnífico paisaje de ese lugar, después continuamos hasta algunos pasos adelante de Amojileca donde nos dirigimos a la pozolería de Domingo, en donde almorzamos un rico pozole acompañados de quelites de la región y amenizados con la charla campirana del anfitrión. Unos chilangos perdidos en la sierra madre en busca del mejor mezcal de Guerrero nos acompañaron ese momento, con anécdotas y bromas.
Santuario de los caminates.

Después regresamos al pueblo y en la diligencia motorizada volvimos a Chilpancingo, en donde el compañero Jorge nos invitó a su casa; aunque Bolívar tenía prisa, no quisimos desairar la invitación; y que bueno, porque pasamos una tarde memorable en compañía de la madre del Médico, quien platicándonos del viejo Chilpancingo trajo a mi memoria lugares que  se habían borrado temporalmente, también nos deleitó cantando preciosamente unas hermosas melodías de su juventud, mientras nosotros aprovechamos para engullirnos unos espíritus del caminante Ingles, para estar a tono con el ambiente de este momento bohemio y con el nombre de nuestro grupo.
No queriendo despilfarrar tanta memoria y buenos momentos optamos por disipar la reunión y partir cada quien a su cueva familiar, dejando algo para subsecuentes ocasiones.