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viernes, 27 de febrero de 2026

Salud.

 

 

Don Andrés decía —mientras miraba de reojo al alcalde Felipe— que cuando en el pueblo comenzaban a hablar demasiado de hospitales, era porque ya nadie quería hablar de pan.

La salud de la población, créame usted, no mejora levantando edificios con olor a desinfectante nuevo ni colgando placas inaugurales con nombres sonoros. Los hospitales son necesarios, sí, como lo es el paraguas cuando llueve. Pero nadie en su sano juicio desea que llueva todos los días para justificar la compra del paraguas.

Felipe, que siempre tenía un plan quinquenal en la manga, propondría construir uno más grande, con mármol en la entrada y discursos en la puerta. Don Andrés, apoyado en su sotana, le respondería que sería más barato —y más cristiano— asegurarse de que la gente tuviera qué comer, dónde dormir y un techo que no goteara sobre la cuna del niño.

Porque la salud comienza en cosas pequeñas y silenciosas: en la tranquilidad de saber que mañana habrá pan; en el agua limpia que sale del grifo sin traer sorpresas microscópicas; en los alimentos que saben a alimento y no a laboratorio. Un hombre que no teme por el alquiler ni por el plato del día siguiente respira distinto. Y cuando uno respira distinto, hasta el médico cobra menos importancia.

No se necesita una farmacia llena si no se llega a la enfermedad. Y muchas enfermedades llegan cuando la inquietud se instala en la mesa como un comensal más. El alma desvelada termina pasándole la factura al cuerpo.

Imagínese usted que, tras un accidente, el herido entre al hospital y salga no sólo con cicatrices sino con una deuda que le dure más que la convalecencia. Eso no es medicina: es contabilidad con vendas. Y el dolor, cuando viene acompañado de números rojos, tarda más en cerrar.

La tranquilidad es una medicina que no se anuncia en la radio ni trae folleto plegable. Sin embargo, permite enfrentar los problemas sin que el cerebro esté ocupado exclusivamente en la supervivencia. Un hombre sereno piensa mejor, trabaja mejor y, cosa curiosa, se enferma menos.

Pero vivimos tiempos curiosos. Se habla sin cesar de “salud pública” mientras se tolera que el aire irrite, que el agua arrastre impurezas y que los alimentos acumulen sustancias que nadie sabe pronunciar. Nos tranquilizan diciendo que todo está bajo control, como si la palabra “control” tuviera propiedades curativas.

Y luego está el cepillo de dientes. Cada año aparece uno nuevo, con más colores, más cerdas y más promesas que un candidato en campaña. Lo mismo ocurre con la pasta dental, que promete blancuras casi teológicas. Sin embargo, el dentista no pierde clientela. Felipe diría que es progreso; Don Andrés murmura que quizá el progreso muerde más fuerte de lo que limpia.

La construcción de hospitales se parece un poco a eso. Grandes anuncios, contratos generosos, proveedores satisfechos. Todos ganan algo… salvo la enfermedad, que no parece ofenderse demasiado y continúa visitando las casas donde faltan agua potable, alimentos sanos y descanso.

Al final, si uno se preguntara desde la profundidad de la conciencia —como hacía Don Andrés cuando dudaba— probablemente escucharía una respuesta sencilla: antes de curar, procura que el hombre no se rompa. Y para que no se rompa, dale paz, pan y dignidad.

Lo demás, aunque tenga paredes blancas y máquinas relucientes, es apenas un remedio tardío.

martes, 10 de febrero de 2026

La suciedad.

 

 


 


La noción contemporánea de limpieza y asepsia es, en términos históricos, relativamente reciente. Antes de los trabajos de Louis Pasteur y del establecimiento de la teoría germinal de la enfermedad en el siglo XIX, la mayoría de las sociedades humanas convivían con la suciedad sin el rechazo visceral que hoy se considera casi instintivo. La presencia de animales, residuos orgánicos y microorganismos formaba parte del entorno cotidiano, sin que ello se percibiera necesariamente como una amenaza constante para la salud.

Durante buena parte del siglo XX —y aún en comunidades rurales recientes— la convivencia estrecha entre humanos, animales domésticos y fauna silvestre era común. No resultaba excepcional observar prácticas que hoy provocarían alarma sanitaria: animales alimentándose de desechos humanos, personas consumiendo posteriormente esos mismos animales, o el contacto directo y repetido con suelos, excretas y fluidos biológicos. Sin embargo, estas condiciones no se traducían de manera automática en enfermedades generalizadas, lo que sugiere la existencia de mecanismos adaptativos más complejos de lo que suele asumirse.

Desde una perspectiva biológica, este fenómeno encuentra explicación en la interacción temprana y constante con microorganismos ambientales. Hoy se reconoce que el cuerpo humano no es un sistema estéril, sino un ecosistema complejo donde la microbiota —especialmente la intestinal— desempeña un papel fundamental en la digestión, la regulación inmunológica y la protección frente a patógenos. La exposición controlada a bacterias y antígenos durante la infancia parece ser un factor clave en el desarrollo de un sistema inmunitario funcional.

Este principio fue intuitivamente comprendido por algunos médicos de generaciones anteriores, antes de la consolidación de la medicina altamente protocolizada. Un relato familiar ilustra esta visión: ante un niño que enfermaba con frecuencia, el médico identificó como posible causa un exceso de esterilización en su entorno. Al limitar de manera extrema el contacto con la suciedad y los microorganismos, el aparato digestivo del infante no desarrollaba una flora intestinal adecuada. La recomendación fue simple pero reveladora: permitir que el niño se ensuciara, gateara, explorara su entorno y se llevara los dedos a la boca. Según el testimonio, el resultado fue una mejora notable en su salud general.

Este enfoque empírico anticipa lo que décadas después se formularía como la hipótesis de la higiene, la cual plantea que la reducción excesiva de la exposición microbiana, especialmente en la infancia, puede estar asociada con el aumento de enfermedades autoinmunes, alergias y trastornos inflamatorios. Paradójicamente, el afán por eliminar todo rastro de suciedad podría estar debilitando los mecanismos naturales de defensa del organismo.

En paralelo, el desarrollo del complejo médico-industrial ha transformado profundamente la práctica de la medicina. A medida que la industria farmacéutica se consolidó como un actor económico central, el enfoque sanitario se desplazó progresivamente hacia la medicalización permanente. En muchos países, el gasto en salud ha superado al destinado a educación, acompañado de un aumento sostenido en el consumo de fármacos, vacunas y tratamientos preventivos, no siempre respaldados por beneficios proporcionales en la salud poblacional.

Desde esta perspectiva crítica, puede argumentarse que la promoción intensiva de la higiene extrema ha sido socialmente eficaz, pero biológicamente ambigua. Si bien ha reducido ciertas enfermedades infecciosas, también ha contribuido a la fragilización del sistema inmunológico y a la expansión de mercados terapéuticos. La creciente dependencia de intervenciones médicas abre la puerta a políticas públicas orientadas más al consumo hospitalario que a la prevención estructural de la enfermedad.

En conclusión, la limpieza, entendida como valor absoluto, merece ser revisada con mayor rigor histórico y biológico. Entre la insalubridad y la esterilidad existe un equilibrio que la medicina contemporánea apenas comienza a redescubrir. Reconocer el papel formativo de la suciedad —en su justa medida— podría ser una de las claves para comprender por qué una sociedad obsesionada con la higiene parece, paradójicamente, cada vez más enferma.

viernes, 16 de agosto de 2024

Otra vez el mosquito.

 



Ni es el mosquito Aedes el problema del dengue ni serán la solución las nebulizaciones que hacen los irresponsables que las ordenan. Pero sin discusión se hace así, porque es un gran negocio y le da una sensación, a la población poco informada, de que se está actuando para resolver el problema. A la población le molestan más el ruido del mosquito y el piquete que el dengue, de ahí que acepte la acción y, además, busque los recomendados malosos repelentes.

Es un gran negocio, porque los plaguicidas y repelentes que utilizan son caros, los equipos para nebulizar también, además el personal que lo hace cobra un salario; o honorarios si es una empresa la responsable. Esas personas requieren equipo especial para realizar la acción que igual cuesta bastante. Simular que existe una epidemia del dengue podría ser la apertura para un gasto mayor en una vacunación masiva; con una vacuna que no protegerá; como la famosa de Pfizer del COVIT 19.

Atrás del mosquito existe un gran negocio. Nunca acabarán con él porque es el principal socio. Tal vez digan que ya no hay dengue o que ya no es problema como con el paludismo, pero después traerán otro mal culpándolo para seguir quitándole el dinero a la población ya sea directamente o a través de los gobiernos.




O lo peor, ningún plaguicida es inocuo, todos causan daños a los humanos, indistintamente del género. Esa es una acción que tal vez en la mente perversa pueda ser la razón de usarlos, enfermar a la población con ellos para darle riqueza a las transnacionales de la “salud” que debería llamárseles de la enfermedad.

A la población es fácil engañarla, porque es comodina, prefiere que otro haga el trabajo que le corresponde.  Aislar al enfermo, tener mosquiteros, usar pabellones, cubrir los depósitos de agua e informarse del problema son faenas molestas que pocos quieren hacer.

miércoles, 29 de marzo de 2023

Dermatitis.

 

Este año no lo inicié del todo bien, bueno tampoco mal, sólo que me inició un problema dérmico en la cabeza, curiosamente cerca del lugar donde me empezó el herpes hace unos seis años; en la parte alta izquierda.

En un inicio consideré que posiblemente fueran secuelas de aquel evento, pero los malestares y erupciones en la piel eran distintas. Ahora es como un sarpullido, pero se movía igual que el herpes, como entonces, de donde inició fue bajando hasta el límite del cuero cabelludo, pero ya no siguió como el herpes; este se fue por los límites del cuero cabelludo hacia la derecha luego subió y fue barriendo todo el cuero cabelludo después inicio a bajar del lado derecho por el frente de la oreja. El área de la patilla hasta el cachete. Igual, esporádicamente, existen eventos temporales en ambos codos y la rodilla izquierda, también en la parte alta de los glúteos, pegado a donde se unen.

Así el problema. No me tira el pelo, pero da una urticaria terrible, principalmente cuando se rasca uno, que lo hago porque de inicio siento como si algún pequeño insecto se moviera sobre mi piel. Lo que ocasiona el reflejo de rascar o hurgar por el invasor.

El rascado ocasiona una dermatitis de contacto que a la vez ocasiona otras molestias como son el ardor y dolor.

Pue bien cuando decidí acudir a un médico; ya que el mal no cuadraba con alguna dermatitis documentada, al menos en la bibliografía que tengo, resulta que aquella dermatóloga que me trató el herpes ahora sólo viene de visita a Chilpancingo, así que busque otra opción; pues la otra opción atiende sábados y domingos, no puede uno estar enfermo en días hábiles.

Al fin localice a un médico que estaba disponible, novecientos pesos la consulta; esperemos que los valga, pues no, desconociendo quien era yo me “ausculto” terriblemente como no queriendo ya sea por asco o porque ya tienen el protocolo acostumbrado para tratar a los pacientes; así pues, que diagnosticó seborrea, había leído que eso le da a los bebes y jóvenes, raro en personas mayores, así fue como llegué a ser un caso raro. El resultado fue, que me dio un escopetazo de medicamentos para problemas en general, no se dio cuenta de mi sonrisa burlona cuando me daba su explicación magistral de lo que me recetaba sin saber él que yo conocía sobre medicina, Gracias al cubre boca; ahora tan obligatorio hasta para que ausculten al enfermo, para nada aquella imagen del médico con un abatelenguas revisando al sufrido con la boca abierta,  ni la presión, menos la temperatura, ni el acostumbrado estetoscopio tan famoso en las representaciones gráficas de médicos. Tal vez los dermatólogos; o al menos este, consideran que la piel es un intruso que nos envolvió por casualidad. Ni me pesó para dosificar el medicamento.   Igual, yo no pude mirar su sonrisa sarcástica de cómo me iba a esquilmar con su tratamiento.

Este médico en el mismo consultorio tiene una farmacia, sin indicaciones que existe, es algo como narcomenudeo, pasa uno a consulta y al darte la receta él te sugiere que puedes comprar la medicina con la dama de la recepción.

Pues un paciente anterior salió, seguro pago los 900 al médico y de medicamentos fuero 3200.00 devaluados pesos.

No quiero pecar de simplista, pero los problemas dermatológicos son bastante complicados unos; mientras otros ni requieren atención, pero para saber eso se requiere preparación o haberlos sufridos durante tu larga vida. Lo que tengo; seguro no es seborrea, pero el diagnosticarlo así permite recetar champús y lociones para eso, que no precisamente lo curan; sino que siendo tolerante diré: podrían auxiliar a los hongos asociados al problema, que igual no le hacen mal al cuerpo; solo a la cartera.

En resumen, el tratamiento fue para una micosis incluyendo una loción corticoesteroide que es muy común usar en todas las dermatitis para aliviar la comezón, tanto del enfermo como la de las utilidades de las farmacéuticas.

Yo después de pagar los 900 pesos tuve de nuevo que acudir al veterinario; ya me  alivié.


sábado, 8 de enero de 2022

Futuro enfermo.

 



Ya son dos años de pandemia1, empieza a ser negocio para algunos por lo tanto aplicaré mi teorema que dice: cuando un mal produce beneficios a los del poder económico, este se convierte en una necesidad, por lo que no se erradica.

La pandemia pasará a ser endémica2 pero ¡Cuidate!, o sea gasta en lo que te recomienden los “expertos”. Que además, siempre estará latente el que aparezca otra variedad del virus. Omicrón3, Delta4... bueno el alfabeto griego5 tiene veintiséis letras no dudo que quieran completarlo.

El virus es real, las variantes suenan a seres salidos de la fantasía, los científicos de las corporaciones y sus aliados dentro del gobierno dicen su conveniencia, los otros científicos lo contrario.

El mal mata, da la puntilla, a quienes ya están enfermos por decenas de enfermedades producto de un progreso mal planeado. Para quienes enferman y no mueren dicen que no quedan inmunes; o que la misma no es prolongada, hablan de vacunas que no previenen, pero te “fortalecen”; tónicos mágicos pues.

El miedo convierte a todos en histéricos, religiosos defensores de las soluciones que nos proponen, aunque no resuelvan el problema.

Bien; o mal, entre desinfectantes, cubre bocas, pruebas(10), anti virales y vacunas nos la viviremos a partir de ahora.

Ahora, tal vez, ya no sean los cárteles quienes cobren piso, secuestren, ejecuten, vendan y cultiven narcóticos, ahora serán las farmacéuticas, hospitales y otros empresarios quienes lo hagan. Sí bien nos va... o tal vez ambos tres.

1https://es.statista.com/estadisticas/1104227/numero-acumulado-de-casos-de-coronavirus-covid-19-en-el-mundo-enero-marzo/

2https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/002362.htm

3https://espanol.cdc.gov/coronavirus/2019-ncov/variants/omicron-variant.html

4https://www.unicef.org/es/coronavirus/todo-lo-que-debes-saber-sobre-la-variante-delta

5https://es.wikipedia.org/wiki/Alfabeto_griego

10  https://www.mayoclinic.org/es-es/diseases-conditions/coronavirus/expert-answers/covid-antibody-tests/faq-20484429