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jueves, 8 de noviembre de 2018

Una luz en el ocaso

Foto propiedad  de Anaya y Juan Sánchez Andraka

Volvió a las andadas Juan Sánchez Andraka ya escribió otro libro, una pequeña narración que quedó impresa en un libro de 178 páginas: “Una luz en el ocaso”.
Mantiene su estilo fluido y sencillo de leer, retiene  la atención del lector. No he leído todos lo libros de Juan así que no puedo decir que todos son parecidos, pero de los que ya leí, en este, al igual que aquellos se mantiene en los temas regionales, gente del pueblo, con actividades del pueblo y prejuicios del lugar.
En un momento de la lectura sentía que me sumergía en una de esas narraciones cursis y moralistas de Carlos Cuauhtémoc Sánchez, estado que casi me invita a dejar de leerlo, pero no lo hice ya que después de todo su prosa es atrayente  y los personajes homofóbicos de la narración eran un cuanto simpáticos.
A diferencia de sus libros anteriores, ahora el sujeto de crítica, entendible debido a su edad (el clásico choque generacional) son las nuevas generaciones, dejando a un lado al gobiernos y sus huestes, no se salva la iglesia ya que aunque sea de rebote le mete gancho al hígado. También mantiene la nostalgia por el pasado.
Siempre enamorado, no deja de describir mujeres bellas y mostrar su amor a ellas.
Pues bien, antes de que se los termine de contar  todo, acudan a librería de Juan y cómprelo, pero sobretodo léanlo.
No se si lo vendan en el Amazon, pero igual investigo y después lo incrusto aquí.
Yo lo obtuve en la presentación a la que casi llegué a eso y me regresé, había mucha gente y no soporto estar con tanta gente, no se puede uno pedorrear a gusto.

jueves, 14 de septiembre de 2017

El tiempo, la lectura y el saber.


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Piedras atrapadas, foto de Edgar P. Miller


Es indiscutible que con el tiempo se adquieren conocimientos que de otra manera no se obtienen, el adagio aquel: “que más sabe el diablo por viejo que por diablo”, tiene su parte de verdad, pero tiene más de solapador de ignorantes.
Definitivamente el tiempo hace su gran aporte, pero muy poco para aquellos que en su vida no han buscado soporte externo, como sería la lectura, para aclarar sus dudas, por lo que se terminan muriendo esperando que el tiempo se las aclare.
Cada que escribo algo, como lo que estoy haciendo ahora, es con el fin ingenuo de ayudar a quienes viven en la eterna confusión, causada por la información caótica que surge en el entorno de todos. Pero cuando lo hago, igual me doy cuenta que quienes más necesitan estas notas son precisamente aquellos que ni leen ni les importa leer, además consideran que el cúmulo de información que tienen en el cerebro es la sabiduría irrebatible que han acumulado con el  tiempo,  que como ya lo dije en un principio lo es en parte pero igual, mucha de esa información es lo que los tiene en un constante interrogante en cuanto a que hacer; viven en una duda constante o como en un tiempo se decía en el oscurantismo; tomando decisiones malas o simplemente sin tomarlas dejándose llevar en la corriente que mueven los demás que están en iguales circunstancias.
El peligro aumenta para todos cuando los mitos, esas recomendaciones falsas que pasan de generación a generación; sin que se atrevan a ponerlas en duda, se afirman como verdades en el comportamiento de muchos. Y sucede, porque aunque muchos de esos mitos ya han sido desmitificados; o sea, probada su absurda realidad; así que son falsas sus promesas y maravillas, quienes creen en ellos no leen ni les interesa hacerlo por lo que no se enteran que es así y aceptan la verdad de sus ancestros tan ignorantes como ellos o que tenían menos posibilidades de corregir la percepción de lo que forjaban como verdad.
Pero el mal no queda ahí, sino que se expande más cuando alguno que cree en ellos le da por escribir sobre los mismos usos y costumbres como verdades absolutas, sin hacer la investigación necesaria. Aún ellos leyendo poco pueden ocASionar lo peor, ya que quien leyó la mentira afirmará después que es verdad, diciendo que él ya la estudio.
Existe algo que se llama el pensamiento crítico y que debe existir en aquel que realmente quiera saber de las cosas en su verdad más próxima, ya no aspirar a la verdad absoluta, sino que a la más cercana a ella.
Así pues digo: que sí su lectura es fantástica acepte que está en la fantasía, pero sí quiere ser guía, mejor vuélvase crítico estudiando esta parte del conocimiento y después convénzase a sí mismo de la verdad de lo que quiere divulgar.

jueves, 10 de noviembre de 2016

Otro de Juan.


jsa3.jpg.Me habló personalmente Juan para invitarme a la presentación de su nuevo libro, “En mi propio surco”. Así que no me quedó de otra que ir. Me dije: no me caería mal una caminada al Sentimientos de la Nación de ida y vuelta.
Pues bien, 15 minutos antes de la seis salí rumbo al lugar caminando por las avenidas congestionadas de autos de esta ciudad kafkiana, respirando los tibios gases de sus escapes y oyendo la delicada música de sus claxons.  Las avenidas diseñadas sin considerara a los peatones, tal vez por ser así como conviene a quienes deciden eso. No creo que tan sólo lo hagan para  levantarse jodiendo a los mexicanos. Lo hacen con toda intención de que utilicemos autos, no caminemos y vivamos enfermos. Todo un buen propósito para aumentarlas fuentes de empleos y disminuir la población de longevos.
Eso sí pasé por los hermosos,  como dice una señora, jardines que hizo Mario;  ¿hizo?, suena a manada, los hicieron algunos trabajadores y los pagamos los contribuyentes. El caso es, que pasando por ellos, cerca a una de esas tiendas de nivel mundial, tuve que bajarme de la acera; nada más porque a los de la tienda se les ocurrió que la banqueta era el mejor lugar  para poner la bajada de la electricidad; así pues, que entre medidores transformadores y no se que otras cosas más, pusieron una caseta de concreto, por lo que  no se puede pasar por la acera y hay que bajar al carril de autos. Lo hice pero teniendo cuidado con aquellos de los vehículos; no te metas en esa área privada, porque como sucedió con la señora que iba en una de esas camionetas de lujo que consumen más combustible que tres combis, ya mero me aplasta por ir ella mirando su Iphone  en lugar de ver para dónde mete la trompa… del auto.
Pues bien entre malabares y otras linduras llegué al auditorio con todos mis sentimientos nacionales, por cierto frente a él estaba un bloqueo de protesta en una de las arterias del bulevar Huacapa. Sí protestan de seguro tienen razón ahora en México no hay duda de quienes protestan son los razonable, los que gobiernan están de la trumpada. Pero al menos que esperen un poco para  que el Secretario de gobierno le dé los parabienes a Juan.
Me introduje a la construcción que nos costó un buen a los contribuyentes, ¡qué lujos nos damos gastamos como si tuviéramos!, dirigiéndome a la mesa donde expendían los libros de Juan, compré el nuevo, porque mis doscientos pesos de gasto semanal sólo para eso alcanzó; sobrandome cuarenta para lo que pueda suceder mañana. Ahí estaba Roberto que también deleitará a los concurrentes con las rolas de su guitarra acompañado de su grupo.

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Me senté en una de las poca sillas vacías, justo en el momento en que Horacio iniciaba la presentación, entre halagos de lo escrito, recomendando que es un libro para que cualquiera que lea vaya lo compre y lo lea. Luego siguió con algunos recuerdos del viejo Chilpancingo nostálgico como analogía a la Chilapa que menciona Juan en su libro. Habló de los momentos en la vida de Juan que es el tema central del libro y problemas sociales de Chilpancingo. Argumentando que la ciudad no pare la basura, sino que debe haber algún malvado ente que la riega por todas partes.
Luego siguió Florencio, siempre de palabra fácil y tono de tenor, dijo lo que otros dijeron sobre los recuerdos; preferible así, para no meter la pata diciendo lo que él piensa, después mencionó lo bueno que es Juan en la narrativa. Mientras, todas las puertas del auditorio bien cerradas, por aquello de las consignas de los protestantes que estaban en la calle.
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Siguió el editor, después Juan y los eventos al último. Yo me salí cuando hablaba el editor, los encierros con multitudes nunca me han gustado, así que el orden lo supongo y conociendo a Juan seguro que  pudo haber hablado otro libro.
Regresé ya a oscuras a mi negocio, caminando por banquetas en reparación y autos que no respetan al peatón. Por suerte no hubo balazos, así que salvo y sano estoy escribiendo esto.

domingo, 20 de septiembre de 2015

Otro libro.



Hace algunas semanas me obsequiaron un libro del autor Taylor Caldwell, reconozco que cuando vi el nombre del autor no lo reconocí, acudí a la wikipedia para saber más de él y resultó que no es un él sino una ella, y al leer sobre la misma descubrí que ya había oído algo de su manera de pensar, pero confieso que nunca había leído nada de la escritora. Al darme cuenta que esta escritora era de mediados del siglo pasado, acudí a la biblioteca de mi padre para ver si existía el libro o si había alguno más de ella.

Pues sí había uno y no era el del obsequio sino uno diferente; así fue que me puse a leer ambos, esta es una costumbre vieja que tengo; uno en mi negocio, otro en mi casa y además otros a medio leer en ambos lugares, así es que voy leyendo varios a la vez y resulta más interesante, no me pregunten, como le hago para no confundirme porque lo ignoro, dependiendo de mi estado de ánimo leo más de uno o de otro.

Aunque no comparto la manera de pensar que tenía la escritora, principalmente en cuanto al pensamiento religioso y su percepción de la sociedad; aunque no nos conocemos, para ella, de seguro yo sería psicópata por no profesar religión alguna. En relación a su percepción que tiene sobre dividir en clases a la raza humana, la cual es la misma que hacen muchos de aquellos que han hecho miserables a millones de humanos en el mundo utilizando esa percepción y su ambición de bienes materiales, diverjo bastante.

Confieso que su prosa es bastante agradable e interesante, algo repetitiva algunas veces, que incluso llegué a creer que yo había perdido la página, pero no, es redundante en ocasiones; tal vez para dejar bien sentado su idea sobre el punto que repite. Pero no dejan de ser muy acuciosos e interesantes sus relatos, los de ambos libros lo son: el que me regalaron: La Torre de Hierro, una novela histórica con mucha fundamentación de primera mano sobre la historia de Roma, principalmente de la vida y obra de Marco Tulio Cicerón. El otro libro, una tragedia ubicada en EUA en los años cuarenta relacionada con los psicópatas y las clases privilegiadas.

El último lo terminé primero porque requiere menos atención su lectura; además de que sólo son doscientas cuarenta y ocho páginas con letras más grandes que las del otro que también tiene mayor número de páginas ochocientas treinta y seis para ser exacto y como de ocho puntos de tamaño las letras. En este que dije al final la señora sí que lo mantiene a uno atento en la trama, la cual maneja majestuosamente insertando discursos originales de los personajes, adecuadamente, cuando van apareciendo en la novela. Ya me hice fan de cicerón con quién me identifico, a momentos, nada más de la manera en que lo describe la señora.

Desde luego hay que ubicarse en la época cuando suceden las cosas, hace algunas decenas de años antes de nuestra era. Entonces los esclavos eran algo como los animales domésticos y de ahí que a pesar de su apego a la justicia que tenía Cicerón, él era poseedor de esclavos y los trataba como si fueran caballos de trabajo aunque ya siendo él mayor, fue más condescendiente, no así la autora del libro.

Este libro que fue escrito hace más de cincuenta años y habla de una época que tiene más de dos mil años, nos muestra como en esto de gobernar y de los gobernantes, las cosas no son muy diferentes ahora, tal pareciera como que personas actuales leyeron el libro y se adaptaron al comportamiento criticable de los personajes poderosos del libro, ya sea porque se identificaron con ellos o porque quieren parecerse a esos individuos, deseando tener el poder y riqueza que nos describe interesante y majestuosamente Taylor. Bien se podría publicar un párrafo del libro en un diario actual con nombres de personas y lugares de ahora y pasaría como noticia cotidiana.

No se si ya se haga, pero bien deberían leerlo todos los abogados; y porqué no también toda persona que quiera entender las cuestiones del poder, las leyes y la justicia; del dominio y del sufrimiento de aquellos que desean que las cosas sean mejores para todos.

Recomendable es la conclusión, ambos libros pero sobretodo La Torre de Hierro.

Yo taché el último renglón del libro La torre de hierro, me parece que sobra.


viernes, 17 de abril de 2015

Eduardo Galeano, los sonidos del silencio.



Ahora que se murió Eduardo Galeano fue cuando lo empecé a conocer, la realidad es que si había escuchado el nombre pero nunca me interesé por mirar hacia dentro de la figura; había leído algunas frases de él en el Internet, pero como luego ponen algunas asignadas al culto de moda, prejuzgue y no les puse mucha atención, no había leído nada de él así que me dije: bueno al parecer él fue una buena persona, debo yo saber más de su obra, así resultó que me puse a leer uno de sus libros, el que encontré en la biblioteca de mi padre fue con el que empecé.


Me doy cuenta que existen personas que vemos las cosas de distinta manera que el resto de la población, el señor Galeano y yo; y no es presunción porque no es algo que uno logra por su propio esfuerzo; sino porque ya nace uno así, o la vida con sus vaivenes nos convierte en ese tipo de ser. El libro que estoy leyendo tiene al menos 45 años que fue escrito y habla del mundo en el que vivió entonces incluyendo parte de la historia de América Latina hasta entonces; que no es muy diferente al nuestro ya que vio lo que ahora miro yo; o sea, las cosas continúan.


Lo que quiero decir es que el miraba las cosas como yo las veo ahora e igual no le hicieron caso como a mi tampoco lo hacen. A pesar de que Galeano fue leído por muchos o al menos así parece ser que fue, ya que el libro que estoy leyendo es la 14a edición, resulta que leerte y alabarte no es suficiente para lograr ser mejores; ya que si quienes nos leen, no promueven lo leído y saturan a quienes están a su alrededor del material insurrecto leído, este no pasara de ahí. Que a fin de cuentas es la intención, con lo escrito: mostrar, lo incorrecto, el abuso y los posibles trayectos de composición. No sucede nada cuando, se lee como si lo leído fuera una anécdota, sin empaparse de la visión que tuvo el escritor; termina siendo así hasta una burla de lo escrito.


Así miro las cosas a manera que leo a Galeano, que con su estilo de analista y escritor agudo quiso motivar a sus lectores a salir del letargo en que estaban en América Latina para lograr un cambio y sólo logró que lo calificaran de utopista, de izquierda, y otros adjetivos inútiles. Mala sea mi estampa, pues cómanse su mundo con la salsa que más les plazca y sigan siendo la prostituta de los primermundista. No es el decirle utopista lo que cala, ya que lo era, o cualquier otro sustantivo; sino que sólo eso digan, y del contenido de su trabajo nada a demás de no difundir las intenciones.


Toda idea, proyecto, plan o revolución puede iniciar como utopía, pero eso no significa que después no sea la llave de la composición social. pero si se lee como fantasía y se cuenta como cuento, a esas ideas uno las está haciendo estériles, por lo que quizás siendo así nunca salgamos del pantano en el que nos estamos hundiendo.


El que escribe desea que lo escrito por él pase a las siguientes generaciones para mejorarles la existencia, no que su nombre e imagen se enaltezca o se ponga en una playera de adorno sin la esencia del significado de su obra.