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| Pintura de Jason Jenicke |
El otro día mi
amigo Horacio publicó un comentario en su muro de Facebook, donde con optimismo
plantea los buenos deseos en cuanto al futuro de Latino-américa apoyando su consideración en el nombramiento como jefe del Estado de la Ciudad del Vaticano de un Papa de la región. No es
misterio para cualquiera que participa en estas redes sociales conocer que el
chateo en los muros siempre tiende a la broma, al relajo dentro de la seriedad
de los comentarios primarios, sin importar lo importante de su contenido. Así yo disculpándome
primero le dije que con lo que decía ya mero me orinaba de risa. A él, espero,
no sentí que le haya afectado mi comentario; sin embargo le causó algo de
urticaria a un sujeto que participa en las redes, exigiéndome explicación la
cual le ofrecí y dejé posteriormente de participar en el Chat dado a que no
consideré conveniente incomodar a Horacio.
Pues bien, lo
anterior sólo lo platico para darle entrada a otro comentario, aquí en un lugar
menos frívolo y más edificante. Fíjense, que yo respeto las creencias de los
demás y por lo mismo exijo que respeten las mías. Es un derecho de todos y
punto.
Pero en lo que sí
podemos argumentar es en nuestros puntos de vista con respecto a lo que sucede
en el mundo y más con relación a lo que sucede algo más cerca de nosotros.
Los buenos deseos,
no dejan de ser solamente eso: buenos deseos; pero con buenas aspiraciones no
se mejoran las cosas. Se pueden tener buenos deseos para iniciar una actividad,
un proyecto, programa o empresa, entonces los buenos deseos son importantes ya
que dan entusiasmo y permite la continuidad de lo proyectado. Pero lo buenos
deseos, como solución para los problemas no funciona sin la participación de
las partes involucradas y el uso de medidas adecuadas. Menos funciona cuando
esos deseos se enfocan a que la iglesia resuelva o mejore las condiciones de
América. La Iglesia Católica ya tiene más de mil ochocientos años de existir;
podemos aceptar que fundó muchas iglesias ostentosas y conventos por todo el
mundo con la sangre de miles de individuos, que explotó y controló humanos por
mucho tiempo en las colonias americanas, pero poco ha hecho para mejorar a la
sociedad.
No mejorará la
sociedad mientras los hombres esperemos que las iglesias sean la solución;
menos aun, si se lo dejamos a un dios; por que, precisamente las iglesias son
las que plantean una sociedad donde debemos sufrir, ser humillados y morir
resignados para tener la vida eterna, el sacrificio y no el bienestar es la
propuesta para el hombre en la vida, estar supeditados a quienes gobiernan
aunque lo hagan perversamente es consigna. ¿Vida eterna?; para decirlo con
sinceridad, no creo que exista. Y conste que esa es mi creencia y mi derecho a
tenerla, y sí creo en eso y en el abuso de los poderosos. Para que luego no
digan que no creo en nada.
Ser optimista, no significa
tener buenos deseos y esperar que sucedan, esos que piensan que ser optimista:
es esperar los deseos sonriendo, no son otra cosa que víctimas de los
perversos, aquellos que prosperan lo hacen porque deciden hacer aquello que su
inteligencia detecta es conveniente y marca su camino en función de signos
visibles a las mentes inteligentes.
No progresamos como
sociedad, porque estamos educados con influencias religiosas, también como
individuos y no como sociedad, decidimos en función de nuestros beneficios y
dejamos a un lado a la sociedad, a la que regresamos solamente cuando
fracasamos y entonces hacemos grupo con los otros que fracasan.
El Papa ya logró lo
que quería: ser Papa; sino lo hubiera querido no lo habrían nombrado, ahora
esperará morir. Porque el estado del Vaticano cada año es más rico, y lo es
porque sólo recibe, nunca da. Así que no dará nada y todo lo que haga este Papa
será en beneficio del vaticano.
Lo anterior no es
un deseo, es una deducción a partir de lo que ha sucedido o sea la historia de
la humanidad. La historia es un escaparate que nos muestra la sucesión continua
de sociedades fracasadas por apostar a la mitología religiosa y no a su
capacidad como ser humano.