jueves, 8 de diciembre de 2016

Guerra de engaños.





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Foto de Edgar P. Miller
Existen aforismos que se refieren a la reacción de las masas con respecto a lo nuevo; o sea al cambio.
Se dice que unas de las características de los humanos es siempre su rechazo al cambio, de ahí los problemas que resultan cuando existe la premura de hacerlos. No sé qué tanto esté estudiado este comportamiento pero existen multitud de libros, artículos y cursos para ayudar a las personas a superar los cambios, lo que sugiere que existe algo innato para rechazarlos. La verdad lógica, me parece, sería partir de la tesis de que es una reacción humana para protegerse en contra del peligro que pueda representar lo nuevo.
Así pues que lo primero que debe suceder para que un cambio sea aceptado es propiciar confianza. Una manera podría ser mostrar información clara y a todos los niveles sobre en qué consiste el cambio. De manera que se sepa que el cambio no es tan malo o no lo es; si en verdad resulta que no lo es y no salga todo lo contrario.
Pero da la casualidad que han pasado muchos años y al parecer esto último sólo se utiliza parcialmente como promoción, sobretodo cuando se quiere imponer algo que beneficia a algunos, sin decir el perjuicio para los otros. Después de un tiempo cuando el daño ya resultó y quienes se aprovecharon desaparecieron, huyeron o partieron entonces es cuando la verdad surge y muestra como la desconfianza fue razonable y debe continuar porque al parecer la historia le da la razón.
Vivimos en una sociedad donde los más vivos se aprovechan de los menos vivos; y casualmente estos últimos son más.
El siglo pasado fue uno donde la comunicación se disparó gracias a la aparición de la radio y la televisión, superando en su alcance a la imprenta que ya existía con anterioridad, pero es muy conocido que en nuestra era la información siempre se ha manejado al modo de los que tienen el poder y con toda la intención de someter a los demás.
La educación de masas también surgió en el siglo pasado, ya que anteriormente existía pero era más elitista. Sin embargo ésta hasta la fecha ha sido deficiente, mal dirigida y un gran negocio para quienes la controlan; siguen siendo privilegiados quienes aprenden. Privilegiados por su propia capacidad de percepción y no por el poder que tiene dentro de la sociedad.
Se terminó  el siglo veinte y con él surgió Internet, llegó antes de que la población terminará de ser educada; estar preparada para tan increíble herramienta. Eso llevó a quienes gobiernan a la desesperación, aquellos que antes controlaban los medios, quienes  manejaban a su gusto la información, quienes decían las verdades que querían y callaban las otras, ahora sufren porque la información llega a todos, incluso la privada de aquellos en el poder.
Pero el que se sepa todo no hace que todos sepan más y peor aún que sepan la verdad, existe quienes por broma o maliciosamente provoca confusión, y esto último no es privilegió ahora nada más de aquellos en el poder, sino que lo hacen también los débiles, incluso los más insignificantes personajes de la sociedad. Nunca antes las masas habían tenido tanto poder como ahora y los de arriba temen. Los resultados empiezan a mostrarse, por eso a quienes movían los hilos se les han hecho nudo los mismos y no saben como moverlos ahora. Buscan a través del poco poder que les queda, en esta cuestión de difundir chismes, mermar la libertad en las redes para ver si con eso vuelven a su nido de amor. Censurarla utilizando estrategias ya conocidas por quienes participan en la red inteligentemente, aquellos que sabemos cuando una noticia miente y cuándo es broma, tambien como se utiliza con malicia dirigida,  nos damos cuenta que su intención es seguir con el control mediático. es una herramienta poderosa de manipulación y la quieren en exclusiva.
Querer restringirla con pretextos  como el que se desprestigia a algunos con noticias falsa, si son falsas nadie sale desprestigiado, que se expone a los familiares. Qué acaso no estamos expuestos ante gobiernos indolentes. Cualquier argumento para limitarlas es censura y no debe aceptarse. Sufran su ineptitud para educar a la población, por no haber logrado haberlos hecho capaces de convivir sin ofender, apliquense en educar correctamente en lugar de perseguir maestros por asuntos económicos y no de educación. Sean honestos dejen de corromperse; y mejor aún, no traicionen al pueblo que los mantiene.

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