martes, 5 de mayo de 2015

Gata.



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Pintura de Edgar P.Miller.


Quisiera platicarles de mi vida, es probable que a pocos les interese porque sólo soy una gata arrabalera afromexicana, negra para los legos, y por lo mismo mi pedigrí no queda ubicado en su inventario de valores materiales. Pero como veo que no tienen nada que hacer en su puesto de trabajo burocrático, en donde el que mejor lo hace es aquel que sabe a la perfección como hacer nada, así pues, prestando  por un momento su atención, mientras les platico de mi vida estarán haciendo muy bien su especialidad.
Empezaré con el día en que llegué a la casa que me cobijó... Fue una noche fría de la que apenas recuerdo algunos detalles: me metieron en una caja de cartón corrugado tan oscuro que sólo miraba  las paredes de la caja y sentía como me zangoloteaban para todas partes con el movimiento, dirán que cómo es que miraba si estaba oscuro; bueno, eso es algo que los gatos podemos hacer gracias a beneficios que nos dio la naturaleza. Rápido me sacaron y antes de que yo recapacitara sobre el suceso ya me encontraba en la selva, bueno con el tiempo me dí cuenta que no era una selva sino que tan sólo un pequeño pero cómodo jardín, ubicado en una colonia céntrica del poblado de donde soy.
Así que aproveché la noche para reconocer el lugar, me dí cuenta que mi vida peligraba ya que en este lugar vivía un viejo perro, después noté que el pobre sólo me veía cuando me movía así fue que al atacarme yo solamente me detenía y me echaba. También noté que en el lugar sobraba la comida viva, miré que existían una gran variedad de reptiles y oí algunos polluelos piar por ahí.
Al parecer los pobladores del lugar ya me esperaban, este espacio estaba super, tenía una caja de arena inmensa como desierto donde podía con toda calma defecar. Había también lugares increíbles donde dormir; así que un día lo hacía bajo el naranjo y otro bajo el limón o encima del guayabo. Ahora que menciono lo del guayabo me adelantaré  un poco en el tiempo para comentarles sobre lo bien que me trataban los gatos de los alrededores, tengo una increíble corte de amantes, bellos algunos y otros no tanto pero que son unas fieras con eso de hacer el amor, además de ser unos románticos empedernidos. Así pues que cada mes hacemos unos reventones sexuales increíbles.
Cada día que pasaba, el perro envejecía al grado que ya  ni me pelaba así fue que podía dormitar a un lado de él sin que lo notara cuando las noches eran frías. En un inesperado momento desperté con la novedad de que ya había otro perro más en mi casa, bueno la que adopté, llegó un cachorro de can, al que no me quedó otro remedio más que darle la bienvenida, ya que al parecer yo era la hembra animal única de este lugar, el muy igualado inmediatamente cogió confianza y dormía en mi regazo así fue como terminamos siendo grandes compañeros del lugar los dos, pero él no tanto de mis amantes a los que correteaba sin descanso. Por su inmadurez se imaginaba que me querían causar daño o me lo causaban cuando me oía maullar en mis sesiones de sexo.
Realmente vivo muy bien en este lugar de ahí que no me da por pasear por otros rumbos ni mucho menos regresar con quienes me abandonaron. Los humanos del lugar viven intrigados del porqué no me embarazo, no saben que soy estéril de nacimiento, pero eso sí me encanta el sexo, mis calores regresan cada mes. además no está en mis planes amamantar y cuidar crías.
Aunque tengo bastante comida viva, por cierto el otro día me comí un suculento ratón, la ñora del lugar me trata con amor, me acaricia y me da pescado de lata y galletitas chatarra. También me arregla una mullida cama en un lugar seguro donde no me llueva, pero que siempre está llena de ácaros y parásitos. Además de que el lugar me  permite tener una magnífica vista del lugar, yo prefiero el jardín ya sea sobre la fresca hierba o en una buena rama de un árbol recibiendo la brisa.
Ya estoy algo vieja y tengo un problema en el hocico que de momentos me da molestias, pero cuando llega la noche de sexo se me olvida y todo es placer. Más, si lo acompaño de una buena cacería de aves con el cachorro, que ya ahora es un perro algo más grande que yo. Es fascinante atrapar gorriones en vuelo después desplumar y comer su suave y dulce carne lamiendo su exquisita sangre.

Pues bien ya les platiqué parte de mi vida, espero que les haya servido siquiera para no hacer nada durante el tiempo que la leyeron.

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