jueves, 11 de junio de 2015

Guardianes.

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Erizo; foto de Edgar P. Miller.


En la casa siempre hemos tenido perro guardián, bueno casi siempre. Los perros tienen una costumbre interesante, cuando aparece algo inusual en su territorio; o sea la propiedad, empiezan a ladrar insistentemente hasta que los humanos de la casa hacen presencia, al verlos se les nota excitados he intentan mostrar la razón de su preocupación.
Así fue de esa manera de que en la casa, ellos, los perros, nos han alertado en varias ocasiones.
La primer vez recuerdo fue una en que llegó una tarántula hasta la puerta de servicio. Fue una de esas comunes de aquí, la atrapé y después la fui a dejar a un lugar que consideré más adecuado para ella.
Después fue cuando, no se de donde ni como, llegó a la misma puerta una tortuga, la misma que tampoco se donde se encuentra ahora. Así como apareció desapareció.
En otra ocasión con un gran escándalo, primero de los perros y después de los miembros de la familia vimos en el mismo lugar un ciempiés enorme, nunca antes había visto uno así en la casa. El jardín es amplio pero no había visto nunca uno, son increíbles, se mueven con gran agilidad y se defendía del perro, quien temeroso sólo le ladraba. Estos animales incluso se venden como mascotas y existen algunas especies que son muy venenosas. Lo movimos hacia la vegetación ya que son grandes devoradores de insectos; pasados ya  varios años no ha vuelto a salir.
Bueno, el que aparezcan animales endémicos no es un enigma ya que de alguna manera la vida se abre paso, ellos buscan mejores lugares para su reproducción y supervivencia. Un espacio respetado les da tranquilidad dentro de una población depredadora y llena de animales tecnológicos.
Pero lo más misterioso fue la última aparición. Ya era entrada la noche; algunos minutos después de las doce, los ladridos del perro eran enajenantes, así fue que salimos alarmados pensando en algo terrible; pero no,  fue sólo la existencia en el jardín de un erizo que enrollando su cuerpo dentro de su cubierta espinosa impedía que el perro pudiera asirlo con el hocico. Quieto y hecho bola lo atrapé usé guantes de jardinero nada sabía del comportamiento del animal aquel, apenas en alguna ocasión supe de él a través de un reportaje en la televisión. Lo atrapé y lo alejé del perro después le arreglé un hogar mientra buscábamos una solución para él.
Pasaron algunos días, vivió libre en un cuarto desocupado para él solo, en donde nos dio la sorpresa de  que no era él sino ella y que estaba preñada; tuvo tres crías de las que sobrevivió una, la cual terminó viviendo en otro lugar. Ahora ella sigue con nosotros, el zoológico local no la quiso y yo la llevo bien con ella, así es que convivimos.
El misterio mayor resulta de que no existen erizos de manera natural en América, sus áreas de hábitat son allende el otro lado de los océanos, de ahí que aún exista la incertidumbre de como llegó, no queremos imaginar siquiera que fue un    individuo malvado que quiso deshacerse de su mascota por no tener la molestia de seguir cuidándola, ¿habrá gente así?. Mucho menos podríamos pensar que el calentamiento global la obligó a nadar para cruzar el océano en busca de mejores climas.
Para aquellos que les interese. El alimento favorito del erizo son las larvas de escarabajo y las cucarachas. Le gusta también el atún; y come el alimento industrial de gato, pero de este prefiere los trocitos negros.


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