El día 7 de octubre pasado, a las 14 horas, caminaba de mi negocio a mi casa por la avenida I. Ramírez. En una mano llevaba mi celular y en la otra un paraguas, ya que caía una pequeña llovizna.
Lo hacía algo distraído, ya que las banquetas de este pueblo grande no dan mucho espacio para andar con paraguas, y menos para andar con el enorme que llevaba yo. Pues así, culebreando entre las personas que circulaban en sentido contrario por la misma banqueta, principalmente escolares con su familiar temeroso que va a recogerlos, confiado de que, bien acompañado, no les sucederá ningún inconveniente.
En Chilpancingo es común que la población camine comiendo y, más común todavía, que tire todo lo que le estorba en la vía pública. Yo ya estaba advertido de esto, pero, como decía, el paraguas y los andantes me distraían.
Caminando llegué al entronque de la avenida con el andador San Miguel. Este andador es una algarabía a esa hora, así que el paraguas para un lado, luego para el otro, y yo caminando para atravesar el tramo.
En eso doy un paso con el pie derecho y siento que me lo jalan hacia ese lado. Caigo sobre lo poco que me queda de nalga, golpeando el pavimento y quedando como bailarina de ballet; no así de buenota, pero sí en una posición similar: la pierna izquierda hacia atrás y la derecha extendida hacia ese lado.
Ya en el suelo, sorprendido más que adolorido, me quedé mirando al culpable de mi caída.
¡No, camarada, no fueron los de la Cuarta!
Fue el hijo de la señora mal educada que lo parió, quien dejó o tiró un sándwich a medio comer justo a mi paso, como diciendo(Eso, sí es de la oposición):
– Con esto me deshago de un pensionado o, al menos, logro que se gaste lo que le queda en un hospital neoliberal. De esos que cobran una torunda de algodón en cien pesos.
Pero la verdad, les falló.
Mi nalga aún proporcionó el acolchonamiento suficiente para que la cabeza de mi fémur sobreviviera. Por otra parte, aunque no soy muy elástico, el haber sido deportista toda mi vida hace que, a los 76 años, todavía pueda soportar esos alargones musculares.
No se preocupen, estoy en mejores condiciones que antes de visitar el suelo. Preocúpense de esa bazofia de población que tira, sin comprensión alguna, sus desechos en cualquier parte del lugar.
Aquí sí, con el permiso de las autoridades que deberían evitarlo. Pero, obvio, ellas están en la mafia de la medicina y les conviene que haya lesionados.
Gracias a las señoras que se preocuparon y acudieron a levantarme, que no fue necesario porque les dije que estaba bien y que solo me levantaría, que fue como lo hice.
Gracias por su atención.

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